miércoles, 9 de abril de 2014

Será este el último post malasio?


Esto cada vez huele más a despedida. Poco a poco se me van terminando las horas en Malasia y la verdad es que tengo sentimientos encontrados a la hora de despedirme. Es cierto que he dicho de este país que está lleno de vagos, que no tienen historia, y hasta que no tienen cultura propia (lo que por otro lado reafirmo), pero me da penita volver a España. Mi aventura malasia ha tenido sus pros y sus contras. Es cierto que me he tenido que venir a la otra parte del mundo y dejar, casi sin previo aviso, a toda la gente que medianamente me importa. Pero también es cierto que la cantidad de batallitas que he compartido en este blog y las que no, se han convertido en una parte de mi vida que me ha robado un trocito pequeño de mi corazoncito.
Cuando publique estas lineas (vuelvo a las andadas de escribir por las noches y copiar y pegar antes de irme de la oficina) estaré saliendo de la oficina para tomarme unas cervezas. Hasta la mexicana que me formó y que dejó de trabajar en la empresa a final de mes va a venir a tomarse algo para despedirse. Es por ello que no sé si mañana por la noche (mi hora habitual de escribir) estaré en condiciones de escribir o si las dos o tres cervezas malasias que me tome (exacto, son malas y no terminan de emborrachar, pero dejan mal cuerpo) me permitirán escribir un último post de despedida de este país. De hecho, aunque las escriba, el jueves me tendré que “escapar” pronto de la oficina para poder volver a mi piso, hacer la maleta y prepararme para irme para el aeropuerto; con lo que no sé si podré siquiera publicarlas. Y seguro que topo con algún taxista loco para llevarme a KL Central. Seguro que en el tren bala al aeropuerto me pasa algo. Y hasta es problable que surja alguna pequeña anécdota en el control de pasaportes o en la duty free mientras espero a que salga el avión. Quién sabe? Hasta a lo mejor pasa algo en las dos horas y media de escala en Estambul o vuelven a darme el sitio en el avión donde van los musulmanes a rezar (lo que toda la vida se ha llamado salida de emergencia, pero que como es la parte más espaciosa del avión hay gente que tira su esterilla de rezos y, mirando a la Meca o no, se pone a rezar).
La buena noticia es que sea este o no el último post de mi aventura malasia, lo próximo que os cuente será en persona y con una Mahou en la mano (sí, es cierto, no echo de menos ni el jamón ni el lomo tanto como la Mahou). Y por fin se abrirá ese turno de preguntas que tanto espero y que estos medios no nos han permitido.

Seguiremos informando…. O no...

martes, 8 de abril de 2014

Cómo comen? Comen como comen.

Aunque esto podía haberlo escrito en mi primera semana aquí, lo escribo ahora. La verdad es que después del último post que era más a nivel reflexión personal quería escribir alguna otra batallita de diferencia cultural. Así que allá vamos.
Los malasios comen como comen. Y por qué digo esto? No por la calidad o la elaboración de la comida (una vez más el pueblo malasio, por no tener nada, no tiene ni cocina; se limitan a copiar y “aderezar” al gusto local las cocinas hindú y china) sino por el cómo lo comen. La historia bonita dice que un malayo (y extrapolándolo, cualquier malasio) no pone nunca un cuchillo en la mesa. Según dicen, a la mesa sólo te sientas con amigos, familia o gente a la que más o menos estimas; con lo que no hay necesidad de tener un “arma” a mano (sigo teniendo que enterarme de cómo va la cosa con los suegros, yernos y cuñados pesados). De hecho, es una falta de respeto y de educación sentar a alguien a tu mesa y ponerle un cuchillo. La historia menos bonita dice que los ingleses, en su época colonial, desarmaron a los malasios hasta tal punto que no tenían casi ni cuchillos. La razón pragmática dice que como el 80% de la comida sale ya troceada de la cocina, no son necesarios con lo que se prescinde de ellos. Sea cual sea la razón, para mi la ausencia de cuchillos supone dos grandes inconvenientes.
El primero de los problemas, y más obvio, es el de cómo partir lo que no sale partido de la cocina. Como ya he dicho un 80% de la comida está ya troceada en el plato, con lo que parece que no hace falta usar cuchillo. Y además, del otro 20% hay muchas cosas que o son tan blandas que no hace falta (como los dumplins chinos) o no se parten (como los noodles). No obstante siempre queda ese porcentaje de cosas que, o salen de la cocina troceadas en porciones que no entran en la boca, o que salen directamente sin partir.
El segundo de los problemas es la etiqueta. Si, en serio, la etiqueta a la hora de comer. A mi me educaron en la teoría del “donde fueres haz lo que vieres” y eso intento, pero llega un momento en el que te das cuenta de que hay ciertas conexiones neuronales preestablecidas que te impiden llegar a la imitación, o hacen que quede muy ortopédica.
El primero de los problemas, el malasio medio lo soluciona con la suma de una cuchara y un tenedor.. La técnica base es lo que se viene conociendo como “el desgarre” y consiste en sujetar con la cuchara al plato el trozo que se pretende partir y tirar con el tenedor hasta que el trozo de comida se desgarra y se convierte en un número indeterminado de trozos inferiores. Generalmente dos, pero hay profesionales y gente torpe que es capaz de conseguir varios sub-trozos. “El desgarre” es una técnica que hay que practicar y cuidar mucho, ya que algún plato puede contener salsa, lo que por el bien de tu compañero de mesa a quien no quieres ni manchar ni matar, obliga al “desgarrador” a llevar a cabo la operación con sumo cuidado.
Y el gran problema para mi es la técnica. Como persona criada en una “familia de a bien” europea, me enseñaron que si se utilizan las dos manos para usar cubiertos, se coge el tenedor con la izquierda, el cuchillo con la derecha y una vez cortado el alimento, este queda en el tenedor (en la izquierda) que es el que se introduce en la boca. Hasta ahí todo claro. Pero ahora sustituyamos el cuchillo por una cuchara. Qué intenta hacer uno, pues con cuidadito procede al “desgarre” y cuando lo consigue, sin mancharse la camisa ni la camisa del de al lado, introduce el alimento “desgarrado” que está en el tenedor en la boca. ERROR!!!! Recordemos que estoy en un país musulmán y con una creencia absurdamente exagerada en ese pasaje del Corán que dice que la mano zurda no se debe utilizar para nada. Es decir, que no te puedes introducir en la boca nada que sujete tu mano izquierda porque entonces comes algo “impuro”. Ahora repitamos la operación: Tenedor en la izquierda y cuchara en la derecha (se coge así), procedamos al “desgarre” y cuando ya tenemos la comida desgarrada, con la cuchara retiramos lo que se ha quedado pinchado en el tenedor utilizando la cuchara, con el tenedor limpio empujamos la comida recién desgarrada a la cuchara y la cuchara (que está en la derecha) es la que se introduce en la boca. Si al leerlo parece difícil, hacerlo, y más aún cuando pretendes intentar comer y no estás para tonterías, es mucho más complicado. Hacerlo bien es un esfuerzo ímprobo, y hacerlo mal es una falta de educación equivalente a mear encima de la mesa. La cosa tiene bemoles. Si alguno de vosotros lo está intentando visualizar y le parece fácil, ahí dejo el reto: el otro día me comí un muslo de pollo... frito... y con la piel crujiente... y sobre el plato también había salsa... A ver si es tan fácil...
PD: Quedaos tranquilos, el día del chuletón con mi jefe sí nos pusieron cuchillo

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lunes, 7 de abril de 2014

Comenzando la cuenta atrás a lo grande

Parece que no, pero ya llevo aquí tres semanas, y mi aventura malasia empieza a tocar a su fin. Es cierto que no es el fin de la aventura, pero sí el fin de esta parte. La próxima, me llevará a tierras malagueñas donde, teniendo en cuenta que no hay mucha diferencia cultural y que tendré Whatsapp, terminaré posteando poco o nada. Pero de momento me queda aquí hasta el jueves por la noche (llego a Madrid el viernes a mediodía) y todavía me quedan un par de cosas que contar.

Hoy (ayer no escribí y estoy volviendo al modo escribir en directo) no ha sido un día más. No lo digo porque no siga solo ante el peligro, ni porque no haya llovido. Lo digo porque hoy ha sido el último día de mi jefe aquí. Esta noche el cogía un vuelo para irse de de vacaciones y me ha dejado a cargo de todo. "Ves todo esto, Panchito? Pues algún día todo esto será tuyo" decían en la película (quien no sepa de qué película hablo, tiene mucho que aprender sobre cine español). Y más o menos es lo que me dijo el viernes y hoy lo ha hecho realidad.

Cierto es que aquí somos cuatro gatos, y que posiblemente con seguir todo como hasta ahora, no haya problemas. Es más, recordemos que "estoy al timón" desde hoy a mediodía y hasta el jueves a media tarde que me marche de la oficina. No obstante, esta tarde he temblado un poquito (lo justo para que no se me notara) cada vez que alguien entraba en mi despacho (creo que no os lo había contado, pero sí, tengo despacho propio aquí, aunque cuando emigre a Málaga lo pierda porque allí lo compartiré).

El caso es que poco a poco esto va a tocando a su fin y cada vez Málaga (previo paso relámpago de dos noches en Madrid) está más cerca. Y depende de cómo se vea, a lo mejor está más lejos. Más lejos? Sí. Seguimos sin respuestas de los caseros malagueños a los que he escrito. Miento, he tenido una respuesta más. A mi mail de "perdona, puedes darme toda la información por mail porque estoy en el culo del mundo y sin teléfono" (sé que no estoy sin teléfono, pero lo digo para que no me frían a llamadas absurdas a horas poco aconsejables y que me cuesten un riñón) la contestación que he recibido del tercero de los caseros que se ha dignado a contestarme (y le ha costado más de una semana para leerse mi mail y contestar) ha sido "dame tu teléfono o llámame al mio". Así, casi literal. La verdad es que en España lo de tenerlos como el caballo de Espartero o el toro de Osborne se nos queda corto... En fin, espero que las dos tardes que tengo en Málaga para ver pisos me sean muy productivas, porque si no, me veo durmiendo debajo de un puente. Eso sí, como buen directivo, dormiré debajo de un puente abrazado a mi Mac. Pero debajo de un puente.

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sábado, 5 de abril de 2014

Del chuletón y la botella de Cune

Ayer, pese a ser viernes, la cosa se alargó en la oficina. Era el último día de trabajo de mi jefe (que se va de vacaciones) y había cosas que cerrar y que teníamos que ver juntos. Total que a eso de las 8 terminamos y decidimos irnos a tomar una cerveza a uno de los pocos sitios del guetto donde se puede tomar una que, casi siempre, es bebible. Y mientras nos la tomábamos me espeta que todavía no nos habíamos dado un homenaje y que ya que había cruzado medio mundo por él, lo menos que podíamos hacer era pegarnos uno.

Uno de los mejores restaurantes del guetto y, aparentemente, de KL es Beato. Un asador de carne en el que ellos compran e importan bueyes australianos y luego ahúman mínimamente (unos 10 días) la carne en unos cuartuchos con escaparate que tienen. Cuando la carne está en su punto la filetean (el proceso de ahumado es con el lomo entero sin partir) y la envasan al vacío. El gran problema de Beato es que no tienen una carta de vino a la altura de la carnaza que tienen y es por ello que permiten a los clientes llevar el vino de casa.

Así que mientras apurábamos la cerveza que nos estábamos tomando mi jefe me dice que él paga la carne si yo pago el vino. Perfecto. Me termino la cerveza mientras y mientras él paga me voy al supermercado del guetto, sección de vinos. Y como es el supermercado del guetto, tienen una bodega espectacular. Llego y pregunto por uno español (obviamente, ya que voy a poner el vino, voy a hacer patria) y me llevan a la zona donde tienen una selección absurda de vinos españoles. Absurda? Si. Me pareció lamentable que junto a muy buenos vinos como un Faustino V o un Marqués de Cáceres tuvieran blancos de calidad cuestionables. Pero además de absurdo por la selección, absurdo por el precio. La lógica de precios supongo que tendrá que ver con sus costes de importación pero lo de tener el Marqués de Cáceres crianza más barato que algún reserva de Rioja, me pareció un sinsentido. Total que finalmente encontré algo conocido, bueno y a un precio razonable: Cune crianza 2010 por 100RM (unos 20-25€, que para lo que clava esta gente con el alcohol no está nada mal). Pasé por caja y directo para el Beato.

Cuando llegué, me jefe me estaba esperando delante del mostrador de la carne y con la misma cara que tiene un niño pequeño delante de una pastelería. Ni un "hola" ni un "ya estás aquí", me recibe con un "crees que podremos acabarnos ese?" Y yo, inocente de mi, sin mirar el trozo de carne todavía digo que si. "Ese" trozo de carne era un chuletón de medio kilo (tenía un poco de hueso, pero no creo que bajara de 400 gramos de carne) que tras un paso fugaz por la plancha, pasó a nuestra mesa. Y de la mesa, indudablemente, a nuestro estomago. Qué se le puede pedir a un viernes por la noche mejor que un buen vino, un buen chuletón y un buen rato con mi jefe contando batallitas?

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viernes, 4 de abril de 2014

Señales de Malasia

Segundo post del día. Hoy sí que he salido de trabajar, me he venido a casa, he cenado y llega el momento de escribir el segundo post que escribo hoy (el de antes le he escrito apenas hace una hora). Pero tengo cosas para contar más que de sobra así que no es un problema. Y es que llevo tiempo queriendo hablar de ciertas señales.

No hablo de señales como que aquí la gente conduce por el otro lado, que apretar el botón de cierre de puertas de un ascensor sea deporte nacional, que para mostrar alegría haya que golpearse el pecho, que los guardias de seguridad privada te saluden con el saludo militar (levantando la mano y llevándola a la frente), que los motacargas se llamen Lif Bomba (para una palabra que aprendo en malasio, por muy cómica que sea, tiene poca utilidad práctica), o que por definición no se den los buenos días (ni cuando entras en un restaurante bien del guetto). Todo eso, efectivamente son señales de que estás en Malasia (aunque probablemente en muchos otros sitios del mundo). Pero me refiero a las señales de la calle, a los carteles que te indican que no debes hacer algo.

Desde que estoy aquí he visto señales de lo más variopintas y cada día veo alguna más que me conquista. Por ejemplo, anoche salí del bar (que no tiene baños dentro y hay que usar los del centro comercial) y casi me meto en la sala de oración musulmana de publika. La única diferencia entre la señal de baño de caballeros (el típico hombre con cabeza de círculo separada del resto del cuerpo) es que al de la zona de rezo le ponen el gorrito de rezar musulmán. Y si ponen el baño en la siguiente puerta, asumo que no habré sido el primero que casi entra a hacer sus cosas en una zona sagrada (digo casi entro porque aunque llegué a tocar el pomo de la puerta, no llegué a empujarla y me di cuenta de qué era aquello; aunque apostaría que también habrá habido gente que no haya sido tan rápida como yo y habrá terminado bajándose la bragueta en mitad del “templo”).

Otra que me tiene fascinado, y que vi por primera vez en el primer taxi que cogí (ver primer post con la maleta colgando de un hilo) es el de prohibido besarse. Dos caritas (obviamente un hombre y una mujer) intentan besarse pero cuando tienen los labios cerca... ¡PAM! Un circulo rojo tachado les corta el rollo. Es como la señal de prohibido fumar, pero con la parejita que está a punto de darse su primer beso. Una lástima para ellos dos, terminarán dándose el primer ósculo en alguna parte? Pues o es en su casa o complicado, porque la señal, además de en muchos taxis, se ve a menudo en parques y plazas públicas, centros comerciales, tiendas, etc... Mamá, si vuelvo sin ligar, es que no he podido entrar a ninguna malasia por no infringir la ley.

Pero las prohibiciones ridículas no se quedan ahí. Mi guetto está forrado de señales de prohibido el uso de casco (WTF?!?!?!?). Si bien es cierto que por las calles del guetto circulan casco y que hacen caso al contenido de la señal, no es por la señal, es porque aquí no lleva casco en la moto nadie. Pero por qué está prohibido entonces? Pues yo, que curioso soy un rato, pregunté a la de la reprografía de debajo de la oficina mientras pedía que me hiciera una copia del sello de la empresa. Resulta que lo de prohibir el casco es una “cuestión de seguridad” para que se pueda ver la cara en todo momento a la gente y si hacen algo y se graba, les puedan pillar. Claaaaaro. Como aquí nadie va con gorra y gafas de sol, ni hay alguna mujer que lleva burka, es algo muy lógico... Y lo de no prohibir el burka, por motivos religiosos en este país, hasta lo podría entender, pero lo de las gafas y la gorra... Es más, si llevo una careta de Jason (el de viernes 13 para quien no sepa quién es) y una motosierra en la mano, no me van a decir nada? Señor oficial, que no llevo casco, esto no está prohibido...

Señales ridículas hay muchas, aunque para ellos no lo sean tanto. De hecho, si un malasio va a España, a lo mejor lo flipa con la de ceda el paso o con la de zona residencial (esa, reconozcámoslo, es un poco ridícula). Quién sabe...


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jueves, 3 de abril de 2014

Cuando haces pop ya no hay stop...

Ayer fue un día duro. De hecho fue tan duro que cuando llegué a casa me metí directamente en la cama y rompí mi rito de tirarme en ella, escribir el post que publico el día de después cuando termino de currar y luego dormir. Hasta ahora, lo había conseguido hacer hasta los días que después de trabajar nos vamos a tomar una cerveza. Nota al respecto, la cerveza en Malasia es de una cualidad más que cuestionable porque en muchos bares la sirven con algo de agua del grifo, lo que hace que el sabor sea, en algunos bares, bastante raro y hace, también, que necesite llegar a Madrid pronto para tomarme un botellín de Mahou cinco estrellas como Dios manda.

Pero volvamos al día de ayer (como mola esto de estar escribiendo en directo). Como algún lector muy avezado y bastante curioso se pudo haber dado cuenta ayer publiqué algo más tarde de lo habitual. Como comentaba antes, cuando termino de currar abro el mail, el blog y copio y pego el texto que tengo escrito de la noche de antes. Pero ayer la hora de terminar fue algo más tarde. Mi jefe se metió en mi despacho a las 5 con ganas de solucionar el mundo y la empresa y no me dejó en paz hasta las 7:30 más o menos; y yo tenía que terminar de hacer todavía varias cosas. Así que hasta las 8:30 o así no pude colgar nada nuevo. La verdad es que lo colgué y me fui sin casi leer mi mail personal y ver que los caseros malagueños siguen sin contestar.

Salí de la oficina, la cerré y me fui persiguiendo a mi jefe (que me llevaba cinco minutos) a un bar del guetto donde le esperaban sus amigotes (sí, con los que terminé de marcha aquel día) y que parece que no conozcan el significado de la palabra "basta". Así que nos sentamos al lado de una mesa de billar y empezamos a pedir cervezas como si no hubiera un mañana. Y eso que ellos nos contaron que llevaban allí ya casi un par de horas. Y al primer amago de irme (aunque fuera para ir al baño), había gritos de "Noooooooo". Y uno es, y siempre ha sido, un hombre fácil, con lo que al final nos dieron casi las 12.


Como decía, pese a que sea un bajón considerable lo de mezclar la cerveza con agua del grifo, tiene una ventaja tremenda: ni hay borrachera, ni hay resaca. No obstante la no-borrachera es un poco rara. Por un lado parece como si realmente estuvieras bebiendo cerveza (con su componente de emborrachamiento), pero por el otro lo único que sientes, aparte de la boca más o menos pastosa (dependiendo del bar y de cuánto lleven sin limpiar el filtro), es algo de cansancio pero sin estar borracho. Curioso. La verdad es que me estoy releyendo esto y no se entiende, pero ciertamente es una sensación que o vives o no puedes describir. Total, que no-borracho y cansado, a eso de las 11:30 nos cansamos de jugar al billar entre nosotros y/o con las dos cincuentonas-apretadas chinas que querían exhibirse delante de la juventud y hacer como que intentaban ligar con nosotros (vamos, lo que toda la vida se ha llamado intentar calentar al personal) con poco éxito y decidimos pirarnos. Y hay algo que pasa en Malasia como en el resto del mundo: desde que alguien propone irse hasta que se decide a dónde ir, pasa media hora de discusión.

Mamá, tranquila, tu hijo a veces, pese a ser fácil, es responsable y yo decidí rápidamente a dónde ir: a mi casa a dormir. Qué podía haber dado de sí la noche? No lo sé, pero sé que gracias a eso el día ha sido productivo (una cosa es que la cerveza malasia no-emborrache, otra es que si te tomas 20 y un par de copas no termines roto). De todos modos estaba todo bastante muerto, era miércoles y mi jefe se marchaba también.

Seguiremos informando...

(PD: mi jefe me ha dicho que le han contado que sus amigotes se pusieron a dar vueltas en busca de un bar y que como no había nada decente se piraron a casa)

miércoles, 2 de abril de 2014

Solo ante el peligro

Hoy ha sido el primer día en que he trabajado yo solo. La mujer que me estaba enseñando se despidió ayer con un par de besos muy sonoros y un “si eso ya iré viniendo algún día para echar una mano” que sonaba, como es normal, a farol y allí me dejó en mi nube de papeles, manuales y ficheros solo acompañado por mi ordenador y un ratón que he robado en la oficina. Así que hoy tocaba enfrentarse a la realidad de que lo que he aprendido, aprendido está y de que lo que no, me toca a base de prueba y error (o de batacazo y segundo batacazo) ir aprendiéndolo yo solito.

Todo sea dicho, esta mujer hizo muy buen trabajo y se esforzó no solo en enseñarme sino también en hacer instrucciones de todo. Instrucciones, que iba guardando indistintamente en donde le venía en gana y con títulos de lo más variopinto. Menos mal que el gen alemán de mi jefe salió hace un par de días y la hizo renombrar los ficheros según su criterio (que puede que para un alemán sea muy válido, pero para un español como yo, no tiene tanta lógica). Aún así, aunque mi jefe insistió en que lo organizara todo en el super-sistema de carpetas que tenemos en el servidor (para llegar a un fichero a veces hay que entrar e siete subcarpetas para ponerte a buscarlo), ella hizo lo que pudo y colocó todo en algún sitio más a mano, pero indeterminado. Afortunadamente, como ya he dicho que me enseñó bastante bien, no he necesitado usar ningún ficherito de estos que sé que están pero no sé dónde.

Pero vamos al lio. Primer día solo y creo que puedo decir que “prueba superada”. He tenido que pelearme un poco con los becarios franceses por su sueldo, con la contable inglesa por no actualizar la cifra de ventas y con la china que nos hace las pólizas de seguros por vaga. Pero aún así me he visto fuerte y, sobre todo, con recursos. Lo que me enseñó Patty? Mi desparpajo natural? Todo junto? No lo sé a ciencia cierta, pero creo que un poco de todo hay. No obstante, creo que la cosa no ha ido mal.

Y cuando ha terminado mi jornada laboral (a eso de las 7 o 7:30) es cuando he abierto el mail y me he agarrado el cabreo del día. Con lo facil que hubiera sido que me cabreara por no encontrar un fichero, porque me entrara un mail que no supiera contestar y n ome hubieran contado de qué iba, por cualquier cosa... Pues no, mi cabreo es con mis queridos compatriotas malagueños. Ayer mandé 23 (no exagero, es un hecho) mails a 23 caseros (tanto agencias como particulares) que alquilan pisos que me pueden interesar en Málaga. Y al abrir el mail veo que sólo tres han contestado 24 horas después. Quién dijo crisis? Aquí da igual si quieres alquilar tu piso, el “vuelva usted mañana” sigue estando a la orden del día. Me parece lamentable, con todo lo que he despotricado (poco por aquí, pero mucho en persona) contra la vagancia malasia (principalmente malaya, pero malasia en general) y resulta que en mi país somos incluso peores... Tanto cuesta contestar a un mail diciendo “si” o “no” o cualquier cosa? Uno de los tres tipos que me ha contestado no me ha dicho gran cosa, básicamente ha sido un “toma mi teléfono y ya me llamas cuando estés aquí”, pero por lo menos ha tenido la decencia de contestar... Pero los otros veinte, ole sus mismísimos, ni han movido un dedo... Espero que en lo que quede de semana, alguno más se digne...

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martes, 1 de abril de 2014

Primer sueldo

Parece que no, pero ya llevo dos semanas y pico aquí. He aprendido, me he enfrentado a taxistas camicaces, he conocido a gente de lo más singular, he descubierto mínimamente un país de lo más interesante con gente de lo más rara, he vivido dos o tres aventurillas de las que recordaré durante muchos años, he trabajado, he reído y realmente no he pasado ningún momento malo (aunque quedaría mucho más poético, pero sería falso decir que he reído y he llorado). También me he descubierto un poco más a mi mismo, he visto de lo que era capaz de hacer fuera de mi esfera de confort. He lavado calzoncillos sucios a mano y he estado en un comité de dirección, conectado con la otra punta del mundo por skype. He aprendido y he enseñado.

He hecho muchas cosas, y por fin el mes se acaba y también he cobrado (que ya me iba tocando). Realmente este post no tiene mucha enjundia, pero es una reflexión que me he hecho a mi mismo en un momento de paz y me he dado cuenta de que a cualquiera que me hubiera dicho que iba a estar así y aquí hace tan solo quince días, le hubiera dicho que estaba loco. Las cosas cambian, muchas veces a mejor y con asumir un poco el espíritu del cambio y dejarse llevar, a veces es suficiente. Supongo que en otros quince días mi vida habrá dado otro cambio y estaré más cerca de casa y de todas las personas a las que quiero, pero mi vida será diferente, no solo porque he cobrado, sino porque me lo he ganado. No solo porque he viajado sino porque lo he vivido. No solo porque esté en otro sitio, sino porque he cambiado. Y lo más importante de todo, con quien más o quien menos (de la gente que me importa), lo he compartido.


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lunes, 31 de marzo de 2014

Fin de semana familiar

Después del parón de fin de semana que me he pasado en cuanto a publicar se refiere, comento brevemente qué es lo que he estado haciendo.

El sábado tenía plan con mi jefe, su familia, la mujer a la que sustituyo y la suya. Todo muy familiar. Por la mañana fuimos a la “playa” (entre comillas porque es una charca de patos dentro de un lago inmenso y artificial). Hicimos picnic franco-germano-mexicano-español (mi jefe franco-germano, yo el español y el resto mejicanos) y luego intentamos ver una exhibición de globos aerostáticos que se canceló por la lluvia (había que hacerlo por los tres niños de mi jefe y la niña de la mexicana a la que sustituyo). Y todo esto lo hicimos en las inmediaciones de dos ciudades: Cyberjaya y Putrajaya. Todo muy familiar y muy bonito.

Ambas ciudades son “inventos” del gobierno malasio en los últimos quince años en mitad de la nada a unos 50-60km a las afueras de KL. Y efectivamente las inventaron bien, con sus zonas verdes cuidadas, sus edificios de arquitectura moderna, sus calles anchas… pero les faltó un detalle: el factor humano. En las dos, pese a haber edificios gubernamentales y empresas no hay apenas viviendas, con lo que son dos ciudades fantasma fuera del horario laboral. Y por qué se inventó el gobierno dos ciudades así, sin pensar en que la gente debería tener un sitio dónde vivir? Pues porque el gobierno malasio no planea, ejecuta y luego, ya si eso, corrige… o no.

Cyberjaya es un esfuerzo del gobierno por crear un Silicon Valley malasio. Las tierras que expropiaron a precio de oro para construirlas eran mayoritariamente o selva o de propiedad de (que sorpresa) malaya. Y para crear un centro tecnológico internacional se gastaron una pasta en dotar a la zona de una de las mejores conectividades del sudeste asiático y en dar exenciones fiscales (casi totales) a todas las empresas que se instalaran en la zona. Qué ocurrió? Que pronto muchas grandes multinacionales tecnológicas o no como hp, ibm, HSBC o dhl instalaron allí sus servidores para la región Asia-Pacífico e incluso sus call center. Pero se dieron cuenta de su mayor problema: una empresa con 5000 trabajadores (el call center de hp a nivel global) tiene que tener su cuota de malayos “supertrabajadores” (como ya explicaba en otro post) y pagar 500 sueldos baldíos, más trasladar a la plantilla de medio mundo dejó de ser rentable. Solución, expatriar a los trabajadores expatriados a sus países de  origen (porque por un agujero legal, computan como trabajadores locales). Las empresas contentas con sus beneficios fiscales, los trabajadores contentos porque no tienen que mudarse, los malayos contentos porque les pagan por seguir haciendo nada mientras disfrutan de sus 7 descansos diarios y el gobierno doblemente feliz porque los malayos están contentos y porque  si paseas por las calles ves edificios enormes con los logotipos de grandes corporaciones. Pero la ciudad no tiene gente, lo que si sumamos a la falta del gen del mantenimiento de los edificios que se da en el genoma malasio, hace que haya nacido el mayor cementerio de elefantes arquitectónico de la historia.

Putajaya no es distinto. Suelo malayo (el de KL es mayoritariamente chino), y plan urbanístico ganado en concurso público internacional (qué sorpresa) por una universidad malaya (universidad islámica). Esta vez el objetivo era llevarse la capitalidad de KL para allá y construir (en suelo malayo para que ganen los de la casta afín al gobierno) una ciudad donde toda la administración del país se diera cita. Comenzaron con el palacio presidencial y le siguieron una gran delegación de la Corte Central, el Ministerio de Economía, y otro par de ministerios. Mientras tanto tiraban de obra pública y hacían grandiosísimos edificios para albergar embajadas (algunas se trasladaron, otras pasaron del proyecto y aunque les construyeron el edificio se quedaron en KL) y ya puestos, construyeron siete puentes preciosos. Oiga, señor arquitecto, que estamos en un secarral y no hay un rio para que pase debajo del puente…. Da igual! Construimos un superlago (en el que había estado por la mañana en la playa) y bombeamos agua desde el mar para llenarlo, aunque cueste una millonada. Mientras tanto seguimos planificando u construyendo al lado de la avenida principal y de su carril bici (nadie se da cuenta de lo absurdo de tener un carril bici de casi cinco metros de ancho en Malasia con el tiempo que hace???) un centro internacional de convenciones. Que no falte de nada! Y como aquí sí que tiene que venir mucha gente para trabajar en las administraciones públicas que hemos montado aquí vamos a hacer que estén bien: zonas verdes y parking de bici para todos (vuelvo a insistir, bici con este tiempo???). Oiga, señor arquitecto, que aquí no vive nadie y no hay ni plazas de aparcamiento ni bares… Pues que aparquen en doble fila y no abras muchos bares no sea que vengan los chinos. Así de ridículo, pero así de cierto.


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viernes, 28 de marzo de 2014

Es tanto pedir…

Los días aquí van pasando y cada vez soy más autónomo en el trabajo. Más me vale porque el lunes se va la mujer a la que voy a sustituir de aquí (sustituiré a otro tipo en Málaga, pero como de momento no sé qué hace, me da igual) se marcha el lunes. Y poco a poco voy teniendo reuniones y cosas que hacer. Poco a poco me voy convirtiendo en el tipo que quieren que sea a nivel profesional y eso muchas veces hace que mi trabajo (entre lo que tardo en hacer cosas que no tengo interiorizadas y las mil reuniones a las que asisto diariamente para enterarme de cómo se hacen cosas) tienda a durar algo más de la jornada estipulada hasta las 6 de la tarde. Todos los que me conocéis sabéis que nunca he mirado el reloj a la hora de currar y que si he tenido que echar más horas que el reloj las he echado. El tema es que ahora mismo comparto mis quehaceres diarios con otra labor fundamental: buscar piso en Málaga.

Creo que hoy he terminado el primer borrador de “los 20 pisos que quiero visitar en Málaga”. La verdad es que mi criterio de búsqueda ha sido sencillo: dos dormitorios y menos de 15 minutos andando desde la oficina. Desde ahí he filtrado y me he encontrado muchísima morralla y los famosos 20 pisos. Aún así, este finde intentaré convertir la lista de “los 20 pisos que quiero visitar en Málaga” en la lista de “los 5-10 pisos que voy a visitar en Málaga” y me pondré a hablar con caseros para fijar citas. El caso es que las citas tienen que ser entre lunes, martes y miércoles santo y tengo que ponerme las pilas porque cuando aterrice en Málaga tendré que currar lo que ya sé hacer, aprender las nuevas funciones y buscar piso. Es eso suficiente para una jornada de 24 horas? Ya veremos, espero que sí.
El caso es que temo que si ahora estoy ya algo falto de tiempo con líos en los que me van metiendo (me siento muy orgulloso de decir que voy a implantar un FIFO en la empresa “porque yo lo he dicho”, pero me ha llevado casi 10 horas entre reuniones con unos y con otros, más no-sé-cuantas horas de hacer numeritos yo solo), no sé cómo va a ser mi vida en Málaga en los primeros días cuando empiece a tomar contacto (y control) de una empresa más. Es tanto pedir un poquito de tiempo? A ver cómo me organizo…

Lo que tengo claro (sacad vuestras agendas) es que llego a Madrid el 11 del mes que viene a mediodía, que paso viernes y sábado por la noche en casa, que me pillaré un AVE a Málaga el domingo para quedarme en un hotel el lunes, martes y miércoles santo, que esos días iré a currar por las mañanas y luego me iré a ver pisos, que volveré el miércoles santo o el jueves santo a Madrid, que haré las maletas y que el sábado santo o el domingo de resurrección cogeré el “petate” y el coche y haré la mudanza a Málaga; si todo va según lo previsto. Si eso no estresa, añadiendo el componente “aventura”, al lector; que me diga cómo lo hace. Pero aunque luego in situ no sea para tanto, a mi me agobia un poco a priori…



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jueves, 27 de marzo de 2014

Uno que es así de majo…


Todos los que me conocéis, sabéis que soy un tipo abierto y dichararchero y que basta que me den un poco de curda para que pueda hablar hasta con mi sombra. Además sabéis que soy un tipo curioso y que me gusta aprender a base de hablar, preguntar y relacionarme de culturas distintas. Si a esto le sumamos que aquí, por mis rasgos soy “exótico”, eso hace que en cuanto salgo a la calle termino conociendo a gente; no solo a los camareros de los bares y restaurantes del guetto, sino a cualquiera con el que me cruce.

Prometí hablar de mi paso por el Chinatown de KL el finde pasado, y no me queda otra que contarlo. Chinatown realmente lo compone una calle de tiendas. No porque no haya chinos (ya comenté que son casi un tercio de la población), sino porque es la calle de guiris (llena de tiendas de baratijas e imitaciones de paupérrima calidad) con dragones, farolillos y cosas por el estilo. Además, todo sea dicho, está en un barrio donde realmente sí que viven muchos chinos, aunque sus casas no se visiten. Y yo, como buen guiri visité la calle de marras, arriba y abajo; pero como el cuerpo me pedía más y algo más “auténtico” me metí por las dos o tres callejuelas paralelas. Resultado muy satisfactorio. Gracias a eso descubrí un templo hinduista que tengo que volver a visitar (en ese momento estaba cerrado por algo que no llegué a entender, pero lo reabrían por la tarde) y un par de mercados locales donde los chinos compran productos frescos, algunos, e incluso vivos otros (además de los típicos pollos/patos y peces que se ven en Callejeros por las Calles, llegué a ver cerdos vivos paseando por el mercado).

Pero era la hora de comer, tenía hambre, estaba en proceso de deshidratación y decidí que tenía que buscar algún sitio para sentarme, injerir algún tipo de alimento y tomarme una cerveza helada y gigante. Y los que me conocéis sabéis que no podía comer donde todos los guiris (pese a que en ese momento llevaba el uniforme de guiri, frente y cuello color langosta incluido). La calle principal, descartada. Las laterales, también. Y adentrándome en Chinatown llegué a un sitio donde no habían visto a alguien sin ojos rasgados en años (y al último creo que se lo comieron). Así que llego a una especie de mesas corridas rodeadas de puestos de comida, planto mi mapa y me voy al primer tipo que encuentro que servía comida, miro su carta (de 5 productos) y me hago entender con él para que me ponga unos noodles con cerdo. Pero necesitaba beber, y le pido una cerveza, que como él no vende, pide al de tres puestos más allá a voz en grito. En algo parecido al esperanto (porque inglés no era) me dice que me siente en mi mesa y poco después aparece el de los tres puestos más allá con mi cerveza y luego él con mis noodles (suma de todo 15 ringgits, unos 3 - 3,5€) y con la satisfacción del deber cumplido (me había entendido y me habían traído lo que yo quería) me senté a comer, obviamente con palillos (si hubiera pedido un tenedor creo que no me hubieran entendido por no saber lo que es un tenedor).

Coge palillos (afortunadamente me manejo bien con ellos), pilla cerdo y noodles, levanta y métetelo en la boca. Y en ese momento oigo algo que se parece a un “You are good with chopsticks” (“eres bueno con los palillos”) en un chininglish horroroso a mi izquierda. Efectivamente, dos señoras de 68 y 75 años (luego me dijeron su edad) chino-malasias querían conversación. Y como he dicho y todos sabéis, me gusta hablar con la gente… La verdad es que es una de las comidas más divertidas que he tenido en tiempo. Las dos viejecitas compitiendo entre ellas para ver quién hablaba más conmigo y para contarme que si eran chinas de familia, que si los nietos de una se había hecho budista, que si buscaba novia en Malasia que no fuera a por las chinas porque si no las conoces van solo a por el dinero, que si todos los domingos después de misa (eran católicas) venían a comer al mismo sitio desde hace muchos años, que si una se había quedado viuda hace poco, que si qué pena lo del avión perdido, que si los gobernantes son unos ladrones… Así que poco les faltó a Mary y a Elisabeth (obviamente me dijeron sus nombres y si fuera tradición aquí me hubieran plantado dos besos bien gordos cada una) para darme su móvil. En serio que hubo un momento que creía o que me daban su teléfono o que me invitaban a su casa a tomar el té. Así que si este domingo no tengo nada que hacer, sé que allí estarán mis dos adorables abuelitas chinas para darme palique y comer conmigo (obviamente no iré, por si a alguien se le ocurría preguntárselo, sobre todo porque no estoy seguro de volver a encontrar el sitio). Como me gusta ser exótico y conocer a gente gracias a ello…

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miércoles, 26 de marzo de 2014

La importancia de ser malayo

Aunque durante los primeros post de este blog confundía los términos, algún lector habitual a estas alturas se ha podido dar cuenta de que ya no utilizo los términos “malayo” y “malasio” indistintamente. Quizás alguien se haya dado cuenta de que hay algo raro en cómo los utilizo pero siga sin tener ni idea de por qué lo hago. Y tal vez, algún otro lector ni se haya dado cuenta. El caso es que no es lo mismo ser malayo que ser malasio.

El gentilicio de Malasia es malasio. El caso es que existen tres etnias predominantes en este país: los chinos, los hindús y los “aborígenes”. Los primeros y los segundos son los que al no tener ningún rasgo distintivo, y dado su origen emigrante y extranjero (aunque puedan llevar aquí más de diez generaciones) son los considerados malasios. Los aborígenes (de hecho no de la parte continental del país, sino de la isla de Borneo, la cual es parcialmente territorio nacional de Malasia) son los considerados malayos. Es importante no confundir los términos ya que tanto los que provienen originariamente de China o de India pueden ser orgullosos malasios se ofenden si les denominan malayos y viceversa.

Pero vayamos a lo importante: a lo interesante de ser malayo. Un malayo tiene tres características básicas: es autóctono, es musulmán y está hiper-protegido por el estado. De hecho, en la historia de Malasia, todos los presidentes han sido malayos y todos se han encargado de preservar el poder en el pueblo malayo, bien sea protegiendo legalmente la “casta” (el tema del sufragio “universal” aquí es interpretado de un modo bastante restrictivo para favorecer a los malayos) bien sea dotándose de privilegios absurdos que hacen que ser malayo mole mucho. En cuanto a la religión, va con la casta y de hecho al igual que el hijo de un malayo es oficialmente malayo, aunque se convierta a otra fé, no puede oficialmente cambiarse de religión. De hecho el hijo de, por ejemplo, un malayo y un extranjero criado en otra religión diferente al islam es, por definición legal malayo y por ende musulmán; y no puede renunciar a ser oficialmente ni lo uno ni lo otro (parece ser que se han dado casos absurdos de católicos conversos de tercera o cuarta generación a los que legalmente se les entierra por el rito musulmán porque en su DNI pone que son malayos, pese a que la familia intente oponerse; y parece ser que hay hasta sentencias de la Corte Nacional que lo refrendan).

El caso es que entre los privilegios del malayo que me han contado (pese a que seguro tienen muchos más) están el tener los 5 descansos de oración en su jornada laboral más el descanso de comida, más (apretaos los machos) el descanso del té (!!!!), preciosa tradición que dejaron aquí los británicos cuando esto fue protectorado. Además, cualquier empresa de más de 50 trabajadores tiene que tener un mínimo de un 5% de la plantilla de malayos (10% en empresas más grandes), que por cierto tienen derecho a 5 o 6 días más de vacaciones al año a nivel legal y no existe empresa en Malasia (incluso la mía, según he descubierto hoy) sin un directivo en nómina que sea malayo (en el caso de la mía, tenemos a una señora malaya que cobra por no venir a trabajar más que una vez al año cuando hay “junta de accionistas”, viene, firma el acta, cobra sus dietas y se va).

Como es normal, si tienes empleo casi asegurado en las mismas condiciones (a nivel salarial, pero mejores a nivel vacaciones), de tus 8 horas de jornada te pasas más de 2 de descansos retribuidos y además eres indispensable en tu empresa (no sé cómo va pero para despedirlos es más difícil); como es normal te haces más vago que Carpanta. Y eso convierte, además de en idiotas, a tus compañeros a las empresas malasias en algo inoperante.

Ayer fui a una reunión en la gestoría que nos lleva las cuentas de la empresa de aquí. Reunión  con una de las socias y con nuestra gestora. La gestoría es una de las grandes y emplea como a unas 60 o 70 personas (por ende a 4 malayos mínimo) y en teoría cada gestor de cuentas (por llamarlo de alguna manera) debería llevar unas 15 o 20 empresas. El caso es que en el departamento en el que estamos nosotros es donde están todos los malayos de la empresa y nuestra gestora tiene que llevar ella sola unas 50. No voy a decir nada a favor de la chino-malasia en cuestión porque es una inútil (sin acritud, pero inútil e inepta) y porque ha aceptado las costumbres malayas de la vagancia y del pasar de todo como suyas; pero es un poco de locos que se triplique su carga de trabajo por el mero hecho de no ser malaya (si realmente hiciera su trabajo me daría mucha más pena, pero como no lo hace, no me da tanta).

En resumen, que he decidido que como se puede adquirir el status de malayo por matrimonio si eres capaz de abrazar el Corán (parece ser que la “prueba” de musulmanidad te la hacen durante del Ramadam para que puedas demostrar que abrazas a Alá como tu dios a las duras y a las maduras), si en el futuro todo me va muy, muy, muy mal, creo que lo dejo todo, busco una malaya de buen ver, me cambio de religión y me vengo a Malasia a vivir de la importancia de ser malayo. Si es que es un chollo! Alguien se apunta?


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martes, 25 de marzo de 2014

Madre no hay más que una

Todo el mundo sabe que el 95% del saber popular se encuentra en dos fundamentales fuentes de conocimiento: Wikipedia y las madres (en el otro 5% se encuentran otras grandes fuentes del conocimiento muy difundidas pero sin tanta repercusión). La diferencia entre la una y las otras no es más que la proactividad. Una madre sabe lo que te va a pasar antes de que te pase, y a la Wikipedia o le preguntas, o no te enteras. Cuidado niño, que te vas a… A qué? Mamá… pum… caer. Es un hecho, el gen de madre las hace visionarias y lo grave es que, aunque a veces se pasan un poco (niño, cógete una rebequita por si refresca, aunque ahora haga treinta grados a la sombra), las madres tienen una tasa de acierto impresionante.

El sábado hablé con mis padres por el skype. Y mi madre, que es madre, me preguntó que cómo llevaba lo de la ropa sucia. “Mamá, no te preocupes que he visto en el centro comercial una lavandería, con lo que cuando la necesite, bajo y que le laven la ropa”. “Pero es de las que te lavas tu la ropa o tipo tintorería?”. En ese momento un hijo como yo piensa que qué le importa eso a mi madre. El caso es que yo soy hijo y no madre y por eso no entendía por dónde iban los tiros. Pero uno, que aunque hijo, es buen hijo (o lo intenta), no manda a paseo a su madre por preguntarle tales chorradas (o eso pensaba) cuando está en el otro lado del mundo, y contesta que es una tintorería. “Pero cómo lavan? En seco?” volvía mi madre a la carga. “Yo que sé… supongo que sí. No es así como se limpia en las tintorerías?” Y en ese momento es cuando una madre, que es madre, demuestra su saber y que si tiene el carné de madre no es por el hecho de parir. (Nota: en este momento muchos de los lectores emancipados sin carné de madre deben apuntar porque esto es extrapolable a la vida de emancipado no sólo en Malasia sino en todo el mundo.) Parece ser que la limpieza en seco es química y que deja un pequeño rastro. Y en un país donde se suda tanto como este (o en otros en los que no se suda tanto pero que la ropa interior está en contacto con ciertas zonas, llamémoslas “delicadas”) el contacto directo de la piel con dichos restos puede generar picores, irritaciones y otra serie de reacciones que no quiero para mi zona genital (y quitando para los que practiquen ciertas prácticas masoquistas extremas, creo que nadie en general).

Así que con el come-come en la cabeza, el domingo después de mi intenso día de turisteo y con ese rojo cangrejo que cojí, me baje a la lavandería a preguntar si todo era limpieza en seco y química o si había otro tipo de limpieza para ciertas prendas. “No. Delicate, no. Dry cleaning only. Dry cleaning only” me contestó la malasia en su “perfecto” inglés. Gracias madre.

Pero claro, una madre, te ayuda, pero no hace las cosas por ti (más aún cuando te separa de ella la mitad de la tierra) y algo había que hacer con los calzoncillos y los calcetines que no le había dado a la malasia (a la tintorera, me refiero). Así que entré en la primera droguería que encontré, compré lo más parecido a jabón de ropa en pastilla que encontré y me subí a mi casa con todo el cansancio y el “rojor” y en vez de tirarme en la cama, como me pedía el cuerpo, me tuve que poner a lavar a mano toda mi ropa interior.

Pablo, cuentas unas cosas que no tienen sentido, diréis muchos a estas alturas, pero lo peor está por llegar. Porque lavar es fácil (aunque la escena de estar medio descamisado y totalmente rojo lavando a mano ropa interior en una pila diseñada para gente mucho más bajita que yo con su consiguiente dolor de riñones posterior es, cuanto menos cómica para quien quiera visualizarla), el problema viene después. Dónde tiendo? Cómo pretendo secar una cosa en un lugar donde con solo salir a la calle te mojas de lo húmedo que es?  Y en eso estamos. Han pasado más de 24 horas desde la “colada” y mi consiguiente invento jugando con perchas para montar algo parecido a un tendedero (afortunadamente perchas en casa tengo a millones y eso me da algo de margen) y la ropa sigue medio húmeda. Se aceptan ideas y sugerencias, de madres (mías o ajenas), de quien quiera ser madre o de quien tenga madre.

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lunes, 24 de marzo de 2014

Que te que té? Que me quemé…

Después de un sábado light para recuperarme de la fiesta del viernes por la noche donde básicamente salí del guetto por el "qué dirán" a ver la mezquita del barrio (muy bonita por cierto), el domingo tocaba turismo del duro, así que en base a mi experiencia del día paso a daros siete sencillos trucos de viaje básico (han salido 7 y aunque podría escribir alguno más, tampoco quiero aburriros) que no vienen en la lonely planet por si algún día alguno visita KL.

1.- Hace falta un buen mapa. El gratuito que te dan en las estaciones de tren es bueno? NO. El de la lonely planet (que me la han prestado) es bueno? NO. En KL hay mil millones de calles y mil millones de autopistas. Hace falta uno que vengan las autopistas señalizadas y diferenciadas de las calles normales. En caso contrario el viajero medio puede (yo, en este caso), pasarse  dando vueltas a la estación central durante una hora hasta que tenga que coger un taxi al monumento más cercano. La razón es sencilla, el taxi, como vehículo que es, puede ir por autopista; el viajero medio, como peatón, no. En cuanto a las callejuelas, un poco de sentido de la orientación y circular sólo por “calles gordas” pueden subsanarlo, aunque a veces se da un pequeño rodeo, pero con su encanto.

2.- Hace falta agua, mucha agua. El maravilloso clima malasio (no lo pongo ni entre comillas porque creo que la ironía se capta sin necesidad de ponerlas) consiste en calor sofocante y humedad del 150%. Se suda, se suda mucho. Se suda más que nunca se ha sudado en la vida. Se suda tanto que el turista medio (otra vez yo) es capaz de beberse en todo el día tres litros de agua y un par de cervezas y no tener que mear (mamá, tranquila, no tengo un cólico al riñón, en cuanto he vuelto al aire acondicionado de casa mis vías urinarias han vuelto a funcionar).

3.- Hace falta buen calzado y buena forma física. En defecto de la última, se puede ser muy burro, o coger muchos taxis. El viajero medio (me gusta esto de denominarme en tercera persona como el viajero medio) que es burro y no le gusta coger taxis porque en el mapa “está al-lao” tiene que tener buenos pies y ser muy burro. KL es una ciudad con pocas cosas que visitar y entre ellas, aparte de grandes distancias, no hay más que calles donde no pasean ni los autóctonos y algunas autopistas no señaladas en el mapa que hacen dar rodeos. Para darle más alegría, lo de señalizar los monumentos o los nombres de las calles parece que está prohibido por ley (vuelta al punto 1).

4.- Si total, no hay tanto que ver; esto me lo paseo yo en un día. Error. Aunque efectivamente hay poco que ver, hay que planificarlo y ver las cosas poquito a poco. La ciudad tiene sitios encantadores donde no sólo hay que pasar y hacer tres (o trescientas) fotos, sino que hay que sentarse en un puestecillo cutre y tomarse un té (o una cerveza) para sentirlos y paladearlos (en algún post ya os hablaré de mi paso por el chinatown). Merdeka Square (aunque llena de turistas), chinatown (no solo la calle principal que viene en la guía, sino las laterales), la zona de los centros comerciales y los puestos de comida (o lo que fuera eso, en alguno de los casos) callejera son dignos de disfrutar tranquilamente.

5.- KL no es una ciudad para sufrir de la espalda. Toda la columna vertebral es fundamental. Las lumbares por lo que se puede llegar a andar; las dorsales para cargar con las botellas de agua, las cámaras y la guía y las cervicales para mirar para arriba. KL es una ciudad de rascacielos y la mitad del turismo se hace con cuidado de no matarse mientras caminas sin mirar donde pisas. Que conste que este viajero medio no se ha tropezado ni una vez, pero el riesgo está ahí.

6.- No es que las Petronas no sean tan grandes, que lo son y mucho, es que están rodeadas de torres casi igual de altas que ellas, con lo que no sirven como referencia visual. Solo las ves cuando estás debajo de ellas y a punto de entrar en el centro comercial de hiper-mega-lujo que tienen debajo (para este viajero medio el paseo por dentro del centro comercial le ha hecho ver más diamantes que en sus 30 años de vida, y eso que solo he pasado por los escaparates de una de las seis plantas). Lo mismo sirve para la torre Medara KL (de hecho es más alta que las Petronas, pero como es torre y no edificio juega en otra liga y no se ha hecho tan famosa). En este último caso, no hay un centro comercial debajo, sino un parque natural con rampas de un 9,5% (señalizado, no exagerado) que el viajero medio, si no conoce de antemano (como fue el caso) el punto 3, sufrirá.

7.- Último consejo, pero que da título al post: Es ESTRICTAMENTE NECESARIA protección solar. Por dos razones básicas: Una, que lo de “con esta humedad no puedes quemarte porque estás hidratado” o lo de “si tampoco hace tanto sol” es falso; y aunque lo parezca (lo del sol), es totalmente falso y no sirve como excusa. Dos: El concepto “after-sun” no existe. No existe ni en las droguerías pijas del guetto. Como es obvio, el viajero común que se olvida de protegerse termina con la calva y el cuello como un tomate; lo que queda fenomenal para mañana ir a la oficina.


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sábado, 22 de marzo de 2014

KL La nuit

Primer viernes y primera noche de fiesta... Sé que con esta afirmación no defraudo a algunos y decepciono un pelín a otros que creían que iba a aguantar hasta, por lo menos, el finde que viene. Pero la cosa ya apuntaba maneras. Lo de la fiesta de cumpleaños de mi jefe de anoche era una trampa mortal, y yo, que siempre he sido un hombre fácil, pues caí.

La fiesta de mi jefe fue todo un éxito. Al final estuvimos por allí unas 40-50 personas en su mayoría hispanoparlantes (la mujer de mi jefe es mexicana y la comunidad de mexicanos era amplia); pero también había gente de los lugares más recónditos del mundo. Total, que después de una barbacoa mexicanizada y aderezada con unas cuantas cervezas, nos dieron las 12 de la noche y en ciertos corros surgió la misma pregunta: "bueno, y ahora, qué? Habrá que hacer algo, no?" y al final algo hicimos.... Así que nos repartimos en tres coches (a esas horas los conductores estaban en condiciones de conducir) y nos fuimos al centro, cerca del triángulo dorado. Primera parada, mientras se llegaba y se aparcaba en mi honor: Bar "pintxos", el bar español de la zona pija de marcha de KL. El sitio no está mal, carillo y con unos pintxos que tenían buena pinta (no comimos porque en la barbacoa nos habíamos puesto hasta arriba) de cocina casi española fusionada en una mínima parte con algo más asiático. Y lo que casi me hizo llorar, estrella galicia. Tras una semana tomando cobra y anchor, si ya me hubieran puesto mahou, hubiera saltado detrás de la barra y hubiera dado un beso en los morros al camarero... Pero la estrella galicia me sacó una lagrimita y me hizo darme cuenta de que en el fondo, lo que nos convierte en españoles, no es el idioma ni el país donde nacimos, sino la cerveza... (apunte, Señor Mas, que a lo mejor para la consulta le interesa poner unos barriles de Voll-damm).

Y después llegó la "discoteque" a la que, llegamos los más fuertes. Un grupo variopinto formado por un francés borracho (muchísimo), mi jefe el francoalmemán, un ruso, un malasio-indio, un malasio-chino, un mexicano, un colombiano criado en EE.UU. y un servidor. Interesante equipo. Pero más interesante me resultó lo de llegar, decidir que pedíamos una botella para todos, que la botella fuera de chivas (mamá, ves que me cuido, no?) y terminar bebiéndonosla... CON GINGER ALE!!!! Si, señores y señoras, whisky de 12 años con ginger ale. Así de duro. La botella caía y las horas pasaban, (y hasta apareció un malayo con una americana y dos jarras de cerveza para compartir) y me di cuenta que salir por KL es como salir por Madrid con un punto multicultural y multirracial y como si estuvieras en el año 2001 a nivel musical. Grandes temazos de todos los tiempos desde las Spice Girls a Bon Jovi iban sonando, pasando por (y esto hay que mencionarlo porque también me sacó una lagrimita) el Volare de los Gipsy Kings. Vamos, que si no sonó la macarena es porque es posterior...

Total, que a las 3.30 de la mañana nos echaron del bar, pillé un taxi (media hora en taxi, pagué como 7€ y aún así el taxista cuando me bajaba me miró con cara de "pobre pardillo, le he timado") y de vuelta al guetto a dormir, con una sonrisa en la cara de habérmelo pasado genial en un ambiente en el que no pensaba que fuera a hacerlo tanto.

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viernes, 21 de marzo de 2014

Por fin es viernes!!!

Reconozcámoslo, hasta ahora mi vida malasia ha sido aburrida. De casa al trabajo y del trabajo a casa. Es cierto que entre mi facilidad para sorprenderme, y mi forma de contar las cosas he podido ir escribiendo cosas distintas a lo que ocupa mi día a día en gran medida. También es cierto que no he querido empezar a hacer propaganda de mi empresa ni aburrir al personal con disertaciones contables y de cómo reducir los costes de almacenaje en Francia. Eso ha sido mi vida en KL, encerrado en mi guetto y currando unas 11 o 12 horas al día (afortunadamente estoy entrando a las 9:30, con lo que me da tiempo a dormir 10 horas diarias). Pero llega el fin de semana (a mis queridos lectores españoles sólo os puedo decir “chincha rabiña, que aquí empieza antes el fin de semana!!!!”) y toca empezar a tener contacto con los locales.

El primer plato fuerte empieza esta misma tarde, en cuanto cuelgue esto y apague el ordenador. Mi jefe organiza una fiesta en su casa porque ha sido/es/será su cumpleaños. Por lo que ha contado a los que nos ha invitado de la oficina (a la mujer a la que sustituyo y a mi; y no sé si al chino de IT, pero como es tan raro me enteraré cuando llegue allí y le vea o no) es una fiesta “entre amigos” a la que no hay que llevar nada y a la que están invitadas unas 50-60 personas con “quien quieran llevar, ya sabes, pareja, amigos, familia…”. La verdad es que el tipo debe de vivir en dos o tres plantas de las torres Petronas, porque aunque “luego faltan siempre como un 20 o 30% de los invitados” a mi las cuentas me salen como que va a haber allí más gente que el metro a la una, o como se dice aquí, el monorail a la una (sí, en KL hay monorail y no hace falta decir que pienso usarlo este finde mientras en mi cabeza tararéo la canción de aquel maravilloso capítulo de los Simpsons). De todos modos, esto promete: fusión franco-alemana (mi jefe) y mexicana (su mujer) con todo bicho vivente que pase por allí. Creo que no habrá muchos malayos en la fiesta por las “maravillas” que habla mi jefe de ellos, pero quién sabe. A mi con que me pongan una cervecita y algo de comer que no pique demasiado, me vale.

El resto del fin de semana supongo que no pararé por casa, como mucho, agotado para estrenar la piscina y ver si aquí lo de tener pelo en el pecho lo consideran exótico a la par de sexy y además de con trabajo regreso a España con una Malasia (o de cualquier otra nacionalilad, sabéis que no soy racista) que presentar a mi madre.


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jueves, 20 de marzo de 2014

Mi caaasaaaaa

A petición de mi madre (biológica) y de todas mis otras “madres” que se preocupan por dónde estará viviendo el “niño”, creo que es menester y obligación, si quiero callarlas, hablar en este post de mi alojamiento. Y ya de paso cumplo con lo prometido de escribir sobre mi guetto.

Mi guetto, o también denominado “mi  jaula de oro” es el complejo “publika” (para que lo busquéis en google, aunque maps no tiene Street view de la zona, en images se pueden ver unas cuantas buenas). Se trata del mayor complejo urbanístico jamás construido en Malasia y según alguna fuente (todavía sin contrastar) de la parte oriental de Asia. El caso es que es un complejo gigante compuesto por el supercentro comercial homónimo con tiendas de lujo, galerías de arte y supermercado en el interior y bares y restaurantes en el exterior, cinco torres de oficinas, seis torres de viviendas y seis o siete sótanos de parking. Y por si todo esto no fuera poco, dentro del “complejo”, cruzando la calle, hay un condominio con chalets de lujo. Todo ello con seguridad privada, circuito cerrado de cámaras, servicio de aparcacoches 24 horas, jardineros, limpieza,... Para que os hagáis una idea es como coger cuatro manzanas de la mejor zona del Barrio de Salamanca y ponerle la mejor zona del Viso enfrente; construyendo debajo un mega-parking subterraneo y triplicando las medidas de seguridad y multiplicando todo ello por diez y añadiendo que la construcción es de hace menos de una década y todo está en las mejores calidades. Por tener, tenemos un parque con columpios (pero está demasiado bien vigilado para colarme en el tobogán). Y en el propio guetto, no sólo está mi casa, sino también mi oficina y todos los lugares de Malasia que he pisado hasta la fecha si excluimos el trayecto del aeropuerto.

La oficina está sólo en la planta 6 del bloque D2; una vulgaridad, ya que el bloque D2 por un lado da al parking de servicio por donde cargan los camiones, aunque por el otro estén los restaurantes con mejor pinta (quizás excepto los de la Gran Plaza central que tengo todavía que explorar más detenidamente) y tiene vistas a toda la parte sur (lamentablemente las petronas están hacia el norte o noroeste pero se ve el edificio de matrade, también localizable por google maps y google images).

En cuanto a mi piso (ya llego, mamás) se podría definir como una habitación gigante de apartahotel situada en un piso 11, con su baño amplio, su habitación enorme y su entrada/cocinita de playmovil consistente en una pila, una nevera y un microondas (efectivamente, no he dicho nada de los fuegos/vitrocerámica/placa eléctrica porque no hay). Suma facilidades como armario empotrado, aire acondicionado, ventilador, televisión de 38 pulgadas (en el que sólo he sido capaz de sintonizar un canal, de documentales y en malasio), una ventana que ocupa casi toda la pared del fondo (unos 3,5 o 4 metros) y con cortinas (en la redacción del post original no había comentado esto, pero al releerlo sé que más de una “mama” me iba a preguntar por este detalle) y ya tienes mi apartamento. Pero aparte de eso el edificio “urban” (los del bloque C4 somos así de chulos y ponemos nombres a las torres de viviendas) tenemos una superpiscina cubierta de unos 30 metros en la planta 12 (localizada, visitada pero todavía no estrenada) un gimnasio en la 10 (localizado, no visitado, no creo que estrenable aunque ya se verá) y pistas de squash y paddel y badmigton en la planta 17 o 18 (ni localizadas, ni visitables ni estrenables).

Y es el momento en el que el lector más avezado se esté preguntando si esto es para todos los públicos; y la respuesta obvia es que no. Mi habitación cuesta al mes unos 1500 Ringgits (las rupias locales), es decir unos 350€, lo cual no parece mucho si no tenemos en cuenta que el salario medio aproximado de la gente es de unos 300 Ringgits (regla nemotécnica para recordar el nombre: Cómo se dice en inglés "hazlo sonar"? Pues eso, ring it) al mes; lo cual convierte mi alquiler en algo que solo pueden permitirse sumando íntegramente 5 meses de salario. Y por eso aquí vivimos mayoritariamente expatriados de estancias cortas (creo que en la torre B3 tienen pisos más grandes y hasta alguno de dos habitaciones para estar más tiempo o con la familia) que cobramos en euros o de empresas internacionales que pagan salarios “europeos”.  Es cierto que tiene su encanto el coger ascensores con aire acondicionado y tener a pie de casa restaurantes con su licencia y sus certificados de calidad; pero me conocéis y sabéis que estoy deseando que llegue el fin de semana para visitar la KL profunda, ver calles sucias y comer en puestecillos callejeros alguna cosa que no sepa qué es y que me acabe de sacar un señor del cubo que le sirvió como cacerola… Pero todo a su tiempo, todavía queda un poco para que os cuente esa experiencia.


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miércoles, 19 de marzo de 2014

Empezando la aventura

Primer día de trabajo superado. Intenso, sí; pero creo que mis ganas acumuladas por currar han ganado al supuesto Jet Lag. De hecho, la cosa se ha dado bien y he hecho más de lo que esperaban de mí y de mi Jet Lag y he superado las expectativas que tenían. Minipunto y punto para el equipo de los chicos.

El caso es que después de currar tenía que hacer compra. No mucho, café, leche, agua, zumo y alguna que otra cosilla básica para sobrevivir en un sitio donde creo que voy a comer y cenar fuera en un 90% de los casos. Esta mañana me han dicho dónde había un supermercado en mi guetto (prometo un post intensivo de mi guetto para dentro de no mucho) y me he dirigido para allá después de pasar por casa (y sudar en los 2 minutos de camino) para dejar el portátil y ducharme (por segunda vez en el día). He bajado y me he ido de excursión al supermercado (me encanta esta sensación de niño en la noche de reyes de que todo sea nuevo y una aventura) y he vuelto a sudar. La verdad es que las instrucciones que me habían dado eran perfectas y he encontrado el supermercado sin problemas. Y ahí, en ese momento donde creía haber superado todas las trabas que me iba a encontrar esta tarde, es justo donde han empezado. Hacer la compra en un supermercado malayo (pese a ser del guetto y guiri-friendly) es más complicado de lo que parece.

Lo primero, es entender a los malayos. Entenderlos? Para qué entenderlos en un supermercado donde tu coges las cosas de los lineales y no tienes que hablar con ellos? No me refiero al idioma que está superado (tranquila, mamá) sino a entender su lógica. Cualquier supermercado (saco mi ex-deformación ex-profesional) se basa en una “implantación” lógica, es decir, que los productos estén colocados en las estanterías de una manera lógica: los lácteos con los lácteos, la carne con la carne, el pescado con el pescado. Pero esta lógica no parece ser compartida con los malasios. En mi supermercado, y extrapolando en todos los supermercados de Malasia (prometo visitar más y comprobarlo), es “normal” que entre las peceras donde tienen peces vivos que te pescan para venderte recién pescados, encontrar filetones de vaca congelados y entre los cartones de leche y de zumo, encontrar patatas fritas. Eso hace que una compra de 10 minutos se convierta en toda una experiencia de casi una hora.

El segundo y más obvio de los problemas es que el 90% de los productos de los liniales no sabes qué son. Y es ahí cuando te sientes extranjero de verdad… Para alguien como yo que se las da de “tipo que ha visto mundo” parece fácil, pero he tardado 10 minutos en encontrar unas galletas para desayunar que no incluyeran “trazas” de pescado (sí, hay galletas de sardina en la zona del desayuno), ingredientes desconocidos hasta para google translator (en inglés, no en malayo) o mezclas explosivas. En ese momento te preguntas por qué no existirán las galletas María en Malasia…

Así que para llenar un carrito con tres chorradas y hacer una compra de unos 30€, de los cuales más de 10 han sido en un pack de seis cervezas de las más baratas (cobra, la indú; nada de la hacendado de turno), he echado la tarde. Bueno en hacerla y en pagarla… Porque en mi super-super (el primero es de superguay y el segundo de supermercado) en las cajas hay dos señores igual de sonrientes e igual de pesados. El primero es el que pasa los productos por el lector y el segundo es el “embolsador” un señor que se dedica a coger los productos que el primero pasa con desgana y rapidez por el lector de códigos de barras y a ponértelos en bolsas de plástico con el mayor de los esmeros. Pero cuando digo que con el mayor de los esmeros quiero decir que con el mayor de los esmeros. Empiezo a sospechar que este tipo, si hubiera comprado huevos, me los hubiera envuelto uno por uno con algodones, recubierto con papel de burbujas, envasado individualmente al vacío, puesto otra capa de gasas estériles y construido una huevera nueva de acero en la que encajaran para que llegaran todos a su destino. No he visto tanto cariño ni en madres primerizas con su hijo recién nacido…

Total, que con la cosa más tonta he echado la tarde porque aquí si quieres cenar tienes que meterte en un bar antes de las 20:00 y como eran las 20:30 y ya empezabas a cerrar las cocinas, me he tenido que ir al subways… Dios salve a las franquicias!


Seguiremos informando…

martes, 18 de marzo de 2014

Y aquí estoy

Pues si, pues si,... parecía mentira, y de hecho en algún momento lo he llegado a dudar; pero por fin ando por Kuala Lumpur (KL para los amigos). 

Primero, y antes de pasar a los osos del viaje, temas de intendencia necesaria:
No tengo internet en mi piso, con lo que me tengo que conectar desde la oficina. Lo bueno es que puedo venir cuando me de la gana. Lo malo es que si puedo elegir entre tener informados a mis queridos lectores o irme a tomar cervezas, lo segundo va a ganar.
Lo mismo pasa con el whatsapp y demás comunicaciones. Si me escribís, estaré currando así que os haré el caso que pueda y cuando pueda.

Y vamos con lo que interesa, las batallitas. Aunque llevo unas 24 horas en el país, ya tengo unas mil que contar. Si no las cuento ahora es por dos motivos: uno, no aburriros; dos, tener alguna en la recámara para los días aburridos. Así que vamos con el top 10 (creo que por orden cronológico) de batallitas malayas hasta el momento:
1.- Deberían prohibir viajar en avión a los niños. Qué monos que son, como se les quiere, van a pagar nuestras pensiones (o no),... pero que hasta que hagan la mili no vuelen! Es muy desagradable estar intentando dormir y/o ver una película (a la vez) y sólo oir los llantos de un niño que está 5 filas más atrás. En serio, que vuelen sedados o en otras compañías o lo que sea, pero no en mi avión.
2.- Pese a mis dudas originales, Turkish Airlines es una compañía decente. Los turcos no se han caracterizado nunca por su pulcritud, ni por su orden ni por su sentido de lo que es cutre y lo que no. Pero parece ser que justo con los aviones estas características sí que las tienen. Incluso he de reconocer que el menú de pescado del avión que me reservaron y me comí de camino a Estambul estaba hasta bueno... quizás hasta mejor que el de pollo que me tomé en el segundo trayecto.
3.- Joé qué lejos está Kuala Lumpur... no podían ponerlo más cerca? Además, nadie se ha dado cuenta de que es todo selva? Una manita de asfalto no es necesaria para que te consideren capital de provincia?
4.- Los taxistas son taxistas aquí, allí y en la Cochinchina. La diferencia es que aquí conducen por el otro lado (como los ingleses). Y es que aparte de su estilo de conducción, el gen de taxista exige ser algo bestia. Ejemplo: que la maleta de Pablito no entra en el maletero porque lo llevan lleno, pues se mete por sus cojones y se pone un pulpo (del que solo queda una goma utilizable) dado de si para que sujete el portón cerrado y lo enganchan a algo tan sólido como es la matrícula. Ole sus huevos!!! Y como "lo han hecho bien" ellos no temen que la maleta salga volando en cualquier resalto y caiga a la autopista, pero yo sí.... Que viaje! Imaginaos que os persigue una orda de zombis muy chungos armados hasta los dientes, pues yo miré atrás más veces que si me pasara a mi... Y solo pensaba cómo iban a quedar mis calzoncillos esparcidos por todo el centro de KL...
5.- Los taxistas, también se pierden, y tampoco lo reconocen. No es que me hiciera la del guiri de darles vueltas para que el taximetro corra y cobrarle más (porque pillé un taxi de pre-pago y tras pagar 15 rupias de aquí me llevó independientemente de las vueltas que dio) sino que "esto es que antes no era así", "seguro que no era esta calle?", "Cómo se llama el edificio? porque si no lo pone a ver cómo lo encontramos", y mi favorita "es que te han dado la dirección mal, porque esto no existe"...
6.- No sé si es el calor, la humedad o la suma de los dos pero creo que voy a morir de sudor
7.- Por qué me dan dos sabanas bajeras y ninguna normal? Es más, por qué me dan tres mantas gordas en un país que nunca en la historia desde la edad de hielo ha bajado de los 25 grados?
8.- Reto conseguido: primera noche en KL y mi cena ha sido cerveza
9.- Tenía miedo del jet lag, pero me he dado cuenta que es una escusa para que la gente que viaja pueda echarse la siesta y se acepte.
Y 10.- Abrir la maleta y ver que tus padres te han metido un paquete de lomo y otro de jamón sin que tu te enteres.... no tiene precio.

Seguiremos informando...

domingo, 16 de marzo de 2014

Horas

Horas. Escasas horas. Eso es lo que me queda para empezar la aventura... Y sigo sintiéndome como un niño pequeño en la cabalgata de reyes. Sé que están aquí, que lo mejor está a la vuelta de la esquina y el miedo, los nervios, el ansia y un millón de sentimientos más que no soy capaz de describir me abruman. Quiero que llegue, aunque no sé qué me deparará. Pero seguro que alguna cosa que me gusta, alguna sorpresa y cosas que ya pedí hace tiempo (un sueldo, un poco de autoestima profesional,...). Ya llegan los reyes y yo me voy a Barajas.

Seguiré informando de todo lo que me pase y de todo lo que se me pase por la cabeza en esta aventura malasia que se reconvertirá en malagueña según pueda. Y intentaré convertirme en la competencia del MARCA o de EL PAIS en esos cinco minutos de curro en los que no se hace nada. Lo que no garantizo a nadie es que por seguirme no vaya de Malaga a Malagón, de Malasia a Malasión, de Malaga a Malasión o de Malasia a Malagón...

Blog inaugurado. Seguiremos informando