Esto cada vez huele más a despedida.
Poco a poco se me van terminando las horas en Malasia y la verdad es
que tengo sentimientos encontrados a la hora de despedirme. Es cierto
que he dicho de este país que está lleno de vagos, que no tienen
historia, y hasta que no tienen cultura propia (lo que por otro lado
reafirmo), pero me da penita volver a España. Mi aventura malasia ha
tenido sus pros y sus contras. Es cierto que me he tenido que venir a
la otra parte del mundo y dejar, casi sin previo aviso, a toda la
gente que medianamente me importa. Pero también es cierto que la
cantidad de batallitas que he compartido en este blog y las que no,
se han convertido en una parte de mi vida que me ha robado un trocito
pequeño de mi corazoncito.
Cuando publique estas lineas (vuelvo a
las andadas de escribir por las noches y copiar y pegar antes de irme
de la oficina) estaré saliendo de la oficina para tomarme unas
cervezas. Hasta la mexicana que me formó y que dejó de trabajar en
la empresa a final de mes va a venir a tomarse algo para despedirse.
Es por ello que no sé si mañana por la noche (mi hora habitual de
escribir) estaré en condiciones de escribir o si las dos o tres
cervezas malasias que me tome (exacto, son malas y no terminan de
emborrachar, pero dejan mal cuerpo) me permitirán escribir un último
post de despedida de este país. De hecho, aunque las escriba, el
jueves me tendré que “escapar” pronto de la oficina para poder
volver a mi piso, hacer la maleta y prepararme para irme para el
aeropuerto; con lo que no sé si podré siquiera publicarlas. Y
seguro que topo con algún taxista loco para llevarme a KL Central.
Seguro que en el tren bala al aeropuerto me pasa algo. Y hasta es
problable que surja alguna pequeña anécdota en el control de
pasaportes o en la duty free mientras espero a que salga el avión.
Quién sabe? Hasta a lo mejor pasa algo en las dos horas y media de
escala en Estambul o vuelven a darme el sitio en el avión donde van
los musulmanes a rezar (lo que toda la vida se ha llamado salida de
emergencia, pero que como es la parte más espaciosa del avión hay
gente que tira su esterilla de rezos y, mirando a la Meca o no, se
pone a rezar).
La buena noticia es que sea este o no
el último post de mi aventura malasia, lo próximo que os cuente
será en persona y con una Mahou en la mano (sí, es cierto, no echo
de menos ni el jamón ni el lomo tanto como la Mahou). Y por fin se
abrirá ese turno de preguntas que tanto espero y que estos medios no
nos han permitido.
Seguiremos informando…. O no...