miércoles, 9 de abril de 2014

Será este el último post malasio?


Esto cada vez huele más a despedida. Poco a poco se me van terminando las horas en Malasia y la verdad es que tengo sentimientos encontrados a la hora de despedirme. Es cierto que he dicho de este país que está lleno de vagos, que no tienen historia, y hasta que no tienen cultura propia (lo que por otro lado reafirmo), pero me da penita volver a España. Mi aventura malasia ha tenido sus pros y sus contras. Es cierto que me he tenido que venir a la otra parte del mundo y dejar, casi sin previo aviso, a toda la gente que medianamente me importa. Pero también es cierto que la cantidad de batallitas que he compartido en este blog y las que no, se han convertido en una parte de mi vida que me ha robado un trocito pequeño de mi corazoncito.
Cuando publique estas lineas (vuelvo a las andadas de escribir por las noches y copiar y pegar antes de irme de la oficina) estaré saliendo de la oficina para tomarme unas cervezas. Hasta la mexicana que me formó y que dejó de trabajar en la empresa a final de mes va a venir a tomarse algo para despedirse. Es por ello que no sé si mañana por la noche (mi hora habitual de escribir) estaré en condiciones de escribir o si las dos o tres cervezas malasias que me tome (exacto, son malas y no terminan de emborrachar, pero dejan mal cuerpo) me permitirán escribir un último post de despedida de este país. De hecho, aunque las escriba, el jueves me tendré que “escapar” pronto de la oficina para poder volver a mi piso, hacer la maleta y prepararme para irme para el aeropuerto; con lo que no sé si podré siquiera publicarlas. Y seguro que topo con algún taxista loco para llevarme a KL Central. Seguro que en el tren bala al aeropuerto me pasa algo. Y hasta es problable que surja alguna pequeña anécdota en el control de pasaportes o en la duty free mientras espero a que salga el avión. Quién sabe? Hasta a lo mejor pasa algo en las dos horas y media de escala en Estambul o vuelven a darme el sitio en el avión donde van los musulmanes a rezar (lo que toda la vida se ha llamado salida de emergencia, pero que como es la parte más espaciosa del avión hay gente que tira su esterilla de rezos y, mirando a la Meca o no, se pone a rezar).
La buena noticia es que sea este o no el último post de mi aventura malasia, lo próximo que os cuente será en persona y con una Mahou en la mano (sí, es cierto, no echo de menos ni el jamón ni el lomo tanto como la Mahou). Y por fin se abrirá ese turno de preguntas que tanto espero y que estos medios no nos han permitido.

Seguiremos informando…. O no...

martes, 8 de abril de 2014

Cómo comen? Comen como comen.

Aunque esto podía haberlo escrito en mi primera semana aquí, lo escribo ahora. La verdad es que después del último post que era más a nivel reflexión personal quería escribir alguna otra batallita de diferencia cultural. Así que allá vamos.
Los malasios comen como comen. Y por qué digo esto? No por la calidad o la elaboración de la comida (una vez más el pueblo malasio, por no tener nada, no tiene ni cocina; se limitan a copiar y “aderezar” al gusto local las cocinas hindú y china) sino por el cómo lo comen. La historia bonita dice que un malayo (y extrapolándolo, cualquier malasio) no pone nunca un cuchillo en la mesa. Según dicen, a la mesa sólo te sientas con amigos, familia o gente a la que más o menos estimas; con lo que no hay necesidad de tener un “arma” a mano (sigo teniendo que enterarme de cómo va la cosa con los suegros, yernos y cuñados pesados). De hecho, es una falta de respeto y de educación sentar a alguien a tu mesa y ponerle un cuchillo. La historia menos bonita dice que los ingleses, en su época colonial, desarmaron a los malasios hasta tal punto que no tenían casi ni cuchillos. La razón pragmática dice que como el 80% de la comida sale ya troceada de la cocina, no son necesarios con lo que se prescinde de ellos. Sea cual sea la razón, para mi la ausencia de cuchillos supone dos grandes inconvenientes.
El primero de los problemas, y más obvio, es el de cómo partir lo que no sale partido de la cocina. Como ya he dicho un 80% de la comida está ya troceada en el plato, con lo que parece que no hace falta usar cuchillo. Y además, del otro 20% hay muchas cosas que o son tan blandas que no hace falta (como los dumplins chinos) o no se parten (como los noodles). No obstante siempre queda ese porcentaje de cosas que, o salen de la cocina troceadas en porciones que no entran en la boca, o que salen directamente sin partir.
El segundo de los problemas es la etiqueta. Si, en serio, la etiqueta a la hora de comer. A mi me educaron en la teoría del “donde fueres haz lo que vieres” y eso intento, pero llega un momento en el que te das cuenta de que hay ciertas conexiones neuronales preestablecidas que te impiden llegar a la imitación, o hacen que quede muy ortopédica.
El primero de los problemas, el malasio medio lo soluciona con la suma de una cuchara y un tenedor.. La técnica base es lo que se viene conociendo como “el desgarre” y consiste en sujetar con la cuchara al plato el trozo que se pretende partir y tirar con el tenedor hasta que el trozo de comida se desgarra y se convierte en un número indeterminado de trozos inferiores. Generalmente dos, pero hay profesionales y gente torpe que es capaz de conseguir varios sub-trozos. “El desgarre” es una técnica que hay que practicar y cuidar mucho, ya que algún plato puede contener salsa, lo que por el bien de tu compañero de mesa a quien no quieres ni manchar ni matar, obliga al “desgarrador” a llevar a cabo la operación con sumo cuidado.
Y el gran problema para mi es la técnica. Como persona criada en una “familia de a bien” europea, me enseñaron que si se utilizan las dos manos para usar cubiertos, se coge el tenedor con la izquierda, el cuchillo con la derecha y una vez cortado el alimento, este queda en el tenedor (en la izquierda) que es el que se introduce en la boca. Hasta ahí todo claro. Pero ahora sustituyamos el cuchillo por una cuchara. Qué intenta hacer uno, pues con cuidadito procede al “desgarre” y cuando lo consigue, sin mancharse la camisa ni la camisa del de al lado, introduce el alimento “desgarrado” que está en el tenedor en la boca. ERROR!!!! Recordemos que estoy en un país musulmán y con una creencia absurdamente exagerada en ese pasaje del Corán que dice que la mano zurda no se debe utilizar para nada. Es decir, que no te puedes introducir en la boca nada que sujete tu mano izquierda porque entonces comes algo “impuro”. Ahora repitamos la operación: Tenedor en la izquierda y cuchara en la derecha (se coge así), procedamos al “desgarre” y cuando ya tenemos la comida desgarrada, con la cuchara retiramos lo que se ha quedado pinchado en el tenedor utilizando la cuchara, con el tenedor limpio empujamos la comida recién desgarrada a la cuchara y la cuchara (que está en la derecha) es la que se introduce en la boca. Si al leerlo parece difícil, hacerlo, y más aún cuando pretendes intentar comer y no estás para tonterías, es mucho más complicado. Hacerlo bien es un esfuerzo ímprobo, y hacerlo mal es una falta de educación equivalente a mear encima de la mesa. La cosa tiene bemoles. Si alguno de vosotros lo está intentando visualizar y le parece fácil, ahí dejo el reto: el otro día me comí un muslo de pollo... frito... y con la piel crujiente... y sobre el plato también había salsa... A ver si es tan fácil...
PD: Quedaos tranquilos, el día del chuletón con mi jefe sí nos pusieron cuchillo

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lunes, 7 de abril de 2014

Comenzando la cuenta atrás a lo grande

Parece que no, pero ya llevo aquí tres semanas, y mi aventura malasia empieza a tocar a su fin. Es cierto que no es el fin de la aventura, pero sí el fin de esta parte. La próxima, me llevará a tierras malagueñas donde, teniendo en cuenta que no hay mucha diferencia cultural y que tendré Whatsapp, terminaré posteando poco o nada. Pero de momento me queda aquí hasta el jueves por la noche (llego a Madrid el viernes a mediodía) y todavía me quedan un par de cosas que contar.

Hoy (ayer no escribí y estoy volviendo al modo escribir en directo) no ha sido un día más. No lo digo porque no siga solo ante el peligro, ni porque no haya llovido. Lo digo porque hoy ha sido el último día de mi jefe aquí. Esta noche el cogía un vuelo para irse de de vacaciones y me ha dejado a cargo de todo. "Ves todo esto, Panchito? Pues algún día todo esto será tuyo" decían en la película (quien no sepa de qué película hablo, tiene mucho que aprender sobre cine español). Y más o menos es lo que me dijo el viernes y hoy lo ha hecho realidad.

Cierto es que aquí somos cuatro gatos, y que posiblemente con seguir todo como hasta ahora, no haya problemas. Es más, recordemos que "estoy al timón" desde hoy a mediodía y hasta el jueves a media tarde que me marche de la oficina. No obstante, esta tarde he temblado un poquito (lo justo para que no se me notara) cada vez que alguien entraba en mi despacho (creo que no os lo había contado, pero sí, tengo despacho propio aquí, aunque cuando emigre a Málaga lo pierda porque allí lo compartiré).

El caso es que poco a poco esto va a tocando a su fin y cada vez Málaga (previo paso relámpago de dos noches en Madrid) está más cerca. Y depende de cómo se vea, a lo mejor está más lejos. Más lejos? Sí. Seguimos sin respuestas de los caseros malagueños a los que he escrito. Miento, he tenido una respuesta más. A mi mail de "perdona, puedes darme toda la información por mail porque estoy en el culo del mundo y sin teléfono" (sé que no estoy sin teléfono, pero lo digo para que no me frían a llamadas absurdas a horas poco aconsejables y que me cuesten un riñón) la contestación que he recibido del tercero de los caseros que se ha dignado a contestarme (y le ha costado más de una semana para leerse mi mail y contestar) ha sido "dame tu teléfono o llámame al mio". Así, casi literal. La verdad es que en España lo de tenerlos como el caballo de Espartero o el toro de Osborne se nos queda corto... En fin, espero que las dos tardes que tengo en Málaga para ver pisos me sean muy productivas, porque si no, me veo durmiendo debajo de un puente. Eso sí, como buen directivo, dormiré debajo de un puente abrazado a mi Mac. Pero debajo de un puente.

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sábado, 5 de abril de 2014

Del chuletón y la botella de Cune

Ayer, pese a ser viernes, la cosa se alargó en la oficina. Era el último día de trabajo de mi jefe (que se va de vacaciones) y había cosas que cerrar y que teníamos que ver juntos. Total que a eso de las 8 terminamos y decidimos irnos a tomar una cerveza a uno de los pocos sitios del guetto donde se puede tomar una que, casi siempre, es bebible. Y mientras nos la tomábamos me espeta que todavía no nos habíamos dado un homenaje y que ya que había cruzado medio mundo por él, lo menos que podíamos hacer era pegarnos uno.

Uno de los mejores restaurantes del guetto y, aparentemente, de KL es Beato. Un asador de carne en el que ellos compran e importan bueyes australianos y luego ahúman mínimamente (unos 10 días) la carne en unos cuartuchos con escaparate que tienen. Cuando la carne está en su punto la filetean (el proceso de ahumado es con el lomo entero sin partir) y la envasan al vacío. El gran problema de Beato es que no tienen una carta de vino a la altura de la carnaza que tienen y es por ello que permiten a los clientes llevar el vino de casa.

Así que mientras apurábamos la cerveza que nos estábamos tomando mi jefe me dice que él paga la carne si yo pago el vino. Perfecto. Me termino la cerveza mientras y mientras él paga me voy al supermercado del guetto, sección de vinos. Y como es el supermercado del guetto, tienen una bodega espectacular. Llego y pregunto por uno español (obviamente, ya que voy a poner el vino, voy a hacer patria) y me llevan a la zona donde tienen una selección absurda de vinos españoles. Absurda? Si. Me pareció lamentable que junto a muy buenos vinos como un Faustino V o un Marqués de Cáceres tuvieran blancos de calidad cuestionables. Pero además de absurdo por la selección, absurdo por el precio. La lógica de precios supongo que tendrá que ver con sus costes de importación pero lo de tener el Marqués de Cáceres crianza más barato que algún reserva de Rioja, me pareció un sinsentido. Total que finalmente encontré algo conocido, bueno y a un precio razonable: Cune crianza 2010 por 100RM (unos 20-25€, que para lo que clava esta gente con el alcohol no está nada mal). Pasé por caja y directo para el Beato.

Cuando llegué, me jefe me estaba esperando delante del mostrador de la carne y con la misma cara que tiene un niño pequeño delante de una pastelería. Ni un "hola" ni un "ya estás aquí", me recibe con un "crees que podremos acabarnos ese?" Y yo, inocente de mi, sin mirar el trozo de carne todavía digo que si. "Ese" trozo de carne era un chuletón de medio kilo (tenía un poco de hueso, pero no creo que bajara de 400 gramos de carne) que tras un paso fugaz por la plancha, pasó a nuestra mesa. Y de la mesa, indudablemente, a nuestro estomago. Qué se le puede pedir a un viernes por la noche mejor que un buen vino, un buen chuletón y un buen rato con mi jefe contando batallitas?

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viernes, 4 de abril de 2014

Señales de Malasia

Segundo post del día. Hoy sí que he salido de trabajar, me he venido a casa, he cenado y llega el momento de escribir el segundo post que escribo hoy (el de antes le he escrito apenas hace una hora). Pero tengo cosas para contar más que de sobra así que no es un problema. Y es que llevo tiempo queriendo hablar de ciertas señales.

No hablo de señales como que aquí la gente conduce por el otro lado, que apretar el botón de cierre de puertas de un ascensor sea deporte nacional, que para mostrar alegría haya que golpearse el pecho, que los guardias de seguridad privada te saluden con el saludo militar (levantando la mano y llevándola a la frente), que los motacargas se llamen Lif Bomba (para una palabra que aprendo en malasio, por muy cómica que sea, tiene poca utilidad práctica), o que por definición no se den los buenos días (ni cuando entras en un restaurante bien del guetto). Todo eso, efectivamente son señales de que estás en Malasia (aunque probablemente en muchos otros sitios del mundo). Pero me refiero a las señales de la calle, a los carteles que te indican que no debes hacer algo.

Desde que estoy aquí he visto señales de lo más variopintas y cada día veo alguna más que me conquista. Por ejemplo, anoche salí del bar (que no tiene baños dentro y hay que usar los del centro comercial) y casi me meto en la sala de oración musulmana de publika. La única diferencia entre la señal de baño de caballeros (el típico hombre con cabeza de círculo separada del resto del cuerpo) es que al de la zona de rezo le ponen el gorrito de rezar musulmán. Y si ponen el baño en la siguiente puerta, asumo que no habré sido el primero que casi entra a hacer sus cosas en una zona sagrada (digo casi entro porque aunque llegué a tocar el pomo de la puerta, no llegué a empujarla y me di cuenta de qué era aquello; aunque apostaría que también habrá habido gente que no haya sido tan rápida como yo y habrá terminado bajándose la bragueta en mitad del “templo”).

Otra que me tiene fascinado, y que vi por primera vez en el primer taxi que cogí (ver primer post con la maleta colgando de un hilo) es el de prohibido besarse. Dos caritas (obviamente un hombre y una mujer) intentan besarse pero cuando tienen los labios cerca... ¡PAM! Un circulo rojo tachado les corta el rollo. Es como la señal de prohibido fumar, pero con la parejita que está a punto de darse su primer beso. Una lástima para ellos dos, terminarán dándose el primer ósculo en alguna parte? Pues o es en su casa o complicado, porque la señal, además de en muchos taxis, se ve a menudo en parques y plazas públicas, centros comerciales, tiendas, etc... Mamá, si vuelvo sin ligar, es que no he podido entrar a ninguna malasia por no infringir la ley.

Pero las prohibiciones ridículas no se quedan ahí. Mi guetto está forrado de señales de prohibido el uso de casco (WTF?!?!?!?). Si bien es cierto que por las calles del guetto circulan casco y que hacen caso al contenido de la señal, no es por la señal, es porque aquí no lleva casco en la moto nadie. Pero por qué está prohibido entonces? Pues yo, que curioso soy un rato, pregunté a la de la reprografía de debajo de la oficina mientras pedía que me hiciera una copia del sello de la empresa. Resulta que lo de prohibir el casco es una “cuestión de seguridad” para que se pueda ver la cara en todo momento a la gente y si hacen algo y se graba, les puedan pillar. Claaaaaro. Como aquí nadie va con gorra y gafas de sol, ni hay alguna mujer que lleva burka, es algo muy lógico... Y lo de no prohibir el burka, por motivos religiosos en este país, hasta lo podría entender, pero lo de las gafas y la gorra... Es más, si llevo una careta de Jason (el de viernes 13 para quien no sepa quién es) y una motosierra en la mano, no me van a decir nada? Señor oficial, que no llevo casco, esto no está prohibido...

Señales ridículas hay muchas, aunque para ellos no lo sean tanto. De hecho, si un malasio va a España, a lo mejor lo flipa con la de ceda el paso o con la de zona residencial (esa, reconozcámoslo, es un poco ridícula). Quién sabe...


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jueves, 3 de abril de 2014

Cuando haces pop ya no hay stop...

Ayer fue un día duro. De hecho fue tan duro que cuando llegué a casa me metí directamente en la cama y rompí mi rito de tirarme en ella, escribir el post que publico el día de después cuando termino de currar y luego dormir. Hasta ahora, lo había conseguido hacer hasta los días que después de trabajar nos vamos a tomar una cerveza. Nota al respecto, la cerveza en Malasia es de una cualidad más que cuestionable porque en muchos bares la sirven con algo de agua del grifo, lo que hace que el sabor sea, en algunos bares, bastante raro y hace, también, que necesite llegar a Madrid pronto para tomarme un botellín de Mahou cinco estrellas como Dios manda.

Pero volvamos al día de ayer (como mola esto de estar escribiendo en directo). Como algún lector muy avezado y bastante curioso se pudo haber dado cuenta ayer publiqué algo más tarde de lo habitual. Como comentaba antes, cuando termino de currar abro el mail, el blog y copio y pego el texto que tengo escrito de la noche de antes. Pero ayer la hora de terminar fue algo más tarde. Mi jefe se metió en mi despacho a las 5 con ganas de solucionar el mundo y la empresa y no me dejó en paz hasta las 7:30 más o menos; y yo tenía que terminar de hacer todavía varias cosas. Así que hasta las 8:30 o así no pude colgar nada nuevo. La verdad es que lo colgué y me fui sin casi leer mi mail personal y ver que los caseros malagueños siguen sin contestar.

Salí de la oficina, la cerré y me fui persiguiendo a mi jefe (que me llevaba cinco minutos) a un bar del guetto donde le esperaban sus amigotes (sí, con los que terminé de marcha aquel día) y que parece que no conozcan el significado de la palabra "basta". Así que nos sentamos al lado de una mesa de billar y empezamos a pedir cervezas como si no hubiera un mañana. Y eso que ellos nos contaron que llevaban allí ya casi un par de horas. Y al primer amago de irme (aunque fuera para ir al baño), había gritos de "Noooooooo". Y uno es, y siempre ha sido, un hombre fácil, con lo que al final nos dieron casi las 12.


Como decía, pese a que sea un bajón considerable lo de mezclar la cerveza con agua del grifo, tiene una ventaja tremenda: ni hay borrachera, ni hay resaca. No obstante la no-borrachera es un poco rara. Por un lado parece como si realmente estuvieras bebiendo cerveza (con su componente de emborrachamiento), pero por el otro lo único que sientes, aparte de la boca más o menos pastosa (dependiendo del bar y de cuánto lleven sin limpiar el filtro), es algo de cansancio pero sin estar borracho. Curioso. La verdad es que me estoy releyendo esto y no se entiende, pero ciertamente es una sensación que o vives o no puedes describir. Total, que no-borracho y cansado, a eso de las 11:30 nos cansamos de jugar al billar entre nosotros y/o con las dos cincuentonas-apretadas chinas que querían exhibirse delante de la juventud y hacer como que intentaban ligar con nosotros (vamos, lo que toda la vida se ha llamado intentar calentar al personal) con poco éxito y decidimos pirarnos. Y hay algo que pasa en Malasia como en el resto del mundo: desde que alguien propone irse hasta que se decide a dónde ir, pasa media hora de discusión.

Mamá, tranquila, tu hijo a veces, pese a ser fácil, es responsable y yo decidí rápidamente a dónde ir: a mi casa a dormir. Qué podía haber dado de sí la noche? No lo sé, pero sé que gracias a eso el día ha sido productivo (una cosa es que la cerveza malasia no-emborrache, otra es que si te tomas 20 y un par de copas no termines roto). De todos modos estaba todo bastante muerto, era miércoles y mi jefe se marchaba también.

Seguiremos informando...

(PD: mi jefe me ha dicho que le han contado que sus amigotes se pusieron a dar vueltas en busca de un bar y que como no había nada decente se piraron a casa)

miércoles, 2 de abril de 2014

Solo ante el peligro

Hoy ha sido el primer día en que he trabajado yo solo. La mujer que me estaba enseñando se despidió ayer con un par de besos muy sonoros y un “si eso ya iré viniendo algún día para echar una mano” que sonaba, como es normal, a farol y allí me dejó en mi nube de papeles, manuales y ficheros solo acompañado por mi ordenador y un ratón que he robado en la oficina. Así que hoy tocaba enfrentarse a la realidad de que lo que he aprendido, aprendido está y de que lo que no, me toca a base de prueba y error (o de batacazo y segundo batacazo) ir aprendiéndolo yo solito.

Todo sea dicho, esta mujer hizo muy buen trabajo y se esforzó no solo en enseñarme sino también en hacer instrucciones de todo. Instrucciones, que iba guardando indistintamente en donde le venía en gana y con títulos de lo más variopinto. Menos mal que el gen alemán de mi jefe salió hace un par de días y la hizo renombrar los ficheros según su criterio (que puede que para un alemán sea muy válido, pero para un español como yo, no tiene tanta lógica). Aún así, aunque mi jefe insistió en que lo organizara todo en el super-sistema de carpetas que tenemos en el servidor (para llegar a un fichero a veces hay que entrar e siete subcarpetas para ponerte a buscarlo), ella hizo lo que pudo y colocó todo en algún sitio más a mano, pero indeterminado. Afortunadamente, como ya he dicho que me enseñó bastante bien, no he necesitado usar ningún ficherito de estos que sé que están pero no sé dónde.

Pero vamos al lio. Primer día solo y creo que puedo decir que “prueba superada”. He tenido que pelearme un poco con los becarios franceses por su sueldo, con la contable inglesa por no actualizar la cifra de ventas y con la china que nos hace las pólizas de seguros por vaga. Pero aún así me he visto fuerte y, sobre todo, con recursos. Lo que me enseñó Patty? Mi desparpajo natural? Todo junto? No lo sé a ciencia cierta, pero creo que un poco de todo hay. No obstante, creo que la cosa no ha ido mal.

Y cuando ha terminado mi jornada laboral (a eso de las 7 o 7:30) es cuando he abierto el mail y me he agarrado el cabreo del día. Con lo facil que hubiera sido que me cabreara por no encontrar un fichero, porque me entrara un mail que no supiera contestar y n ome hubieran contado de qué iba, por cualquier cosa... Pues no, mi cabreo es con mis queridos compatriotas malagueños. Ayer mandé 23 (no exagero, es un hecho) mails a 23 caseros (tanto agencias como particulares) que alquilan pisos que me pueden interesar en Málaga. Y al abrir el mail veo que sólo tres han contestado 24 horas después. Quién dijo crisis? Aquí da igual si quieres alquilar tu piso, el “vuelva usted mañana” sigue estando a la orden del día. Me parece lamentable, con todo lo que he despotricado (poco por aquí, pero mucho en persona) contra la vagancia malasia (principalmente malaya, pero malasia en general) y resulta que en mi país somos incluso peores... Tanto cuesta contestar a un mail diciendo “si” o “no” o cualquier cosa? Uno de los tres tipos que me ha contestado no me ha dicho gran cosa, básicamente ha sido un “toma mi teléfono y ya me llamas cuando estés aquí”, pero por lo menos ha tenido la decencia de contestar... Pero los otros veinte, ole sus mismísimos, ni han movido un dedo... Espero que en lo que quede de semana, alguno más se digne...

Seguiremos informando….

martes, 1 de abril de 2014

Primer sueldo

Parece que no, pero ya llevo dos semanas y pico aquí. He aprendido, me he enfrentado a taxistas camicaces, he conocido a gente de lo más singular, he descubierto mínimamente un país de lo más interesante con gente de lo más rara, he vivido dos o tres aventurillas de las que recordaré durante muchos años, he trabajado, he reído y realmente no he pasado ningún momento malo (aunque quedaría mucho más poético, pero sería falso decir que he reído y he llorado). También me he descubierto un poco más a mi mismo, he visto de lo que era capaz de hacer fuera de mi esfera de confort. He lavado calzoncillos sucios a mano y he estado en un comité de dirección, conectado con la otra punta del mundo por skype. He aprendido y he enseñado.

He hecho muchas cosas, y por fin el mes se acaba y también he cobrado (que ya me iba tocando). Realmente este post no tiene mucha enjundia, pero es una reflexión que me he hecho a mi mismo en un momento de paz y me he dado cuenta de que a cualquiera que me hubiera dicho que iba a estar así y aquí hace tan solo quince días, le hubiera dicho que estaba loco. Las cosas cambian, muchas veces a mejor y con asumir un poco el espíritu del cambio y dejarse llevar, a veces es suficiente. Supongo que en otros quince días mi vida habrá dado otro cambio y estaré más cerca de casa y de todas las personas a las que quiero, pero mi vida será diferente, no solo porque he cobrado, sino porque me lo he ganado. No solo porque he viajado sino porque lo he vivido. No solo porque esté en otro sitio, sino porque he cambiado. Y lo más importante de todo, con quien más o quien menos (de la gente que me importa), lo he compartido.


Seguiremos informando….