Aunque esto podía haberlo escrito en
mi primera semana aquí, lo escribo ahora. La verdad es que después
del último post que era más a nivel reflexión personal quería
escribir alguna otra batallita de diferencia cultural. Así que allá
vamos.
Los malasios comen como comen. Y por
qué digo esto? No por la calidad o la elaboración de la comida (una
vez más el pueblo malasio, por no tener nada, no tiene ni cocina; se
limitan a copiar y “aderezar” al gusto local las cocinas hindú y
china) sino por el cómo lo comen. La historia bonita dice que un
malayo (y extrapolándolo, cualquier malasio) no pone nunca un
cuchillo en la mesa. Según dicen, a la mesa sólo te sientas con
amigos, familia o gente a la que más o menos estimas; con lo que no
hay necesidad de tener un “arma” a mano (sigo teniendo que
enterarme de cómo va la cosa con los suegros, yernos y cuñados
pesados). De hecho, es una falta de respeto y de educación sentar a
alguien a tu mesa y ponerle un cuchillo. La historia menos bonita
dice que los ingleses, en su época colonial, desarmaron a los
malasios hasta tal punto que no tenían casi ni cuchillos. La razón
pragmática dice que como el 80% de la comida sale ya troceada de la
cocina, no son necesarios con lo que se prescinde de ellos. Sea cual
sea la razón, para mi la ausencia de cuchillos supone dos grandes
inconvenientes.
El primero de los problemas, y más
obvio, es el de cómo partir lo que no sale partido de la cocina.
Como ya he dicho un 80% de la comida está ya troceada en el plato,
con lo que parece que no hace falta usar cuchillo. Y además, del
otro 20% hay muchas cosas que o son tan blandas que no hace falta
(como los dumplins chinos) o no se parten (como los noodles). No
obstante siempre queda ese porcentaje de cosas que, o salen de la
cocina troceadas en porciones que no entran en la boca, o que salen
directamente sin partir.
El segundo de los problemas es la
etiqueta. Si, en serio, la etiqueta a la hora de comer. A mi me
educaron en la teoría del “donde fueres haz lo que vieres” y eso
intento, pero llega un momento en el que te das cuenta de que hay
ciertas conexiones neuronales preestablecidas que te impiden llegar a
la imitación, o hacen que quede muy ortopédica.
El primero de los problemas, el malasio
medio lo soluciona con la suma de una cuchara y un tenedor.. La
técnica base es lo que se viene conociendo como “el desgarre” y
consiste en sujetar con la cuchara al plato el trozo que se pretende
partir y tirar con el tenedor hasta que el trozo de comida se
desgarra y se convierte en un número indeterminado de trozos
inferiores. Generalmente dos, pero hay profesionales y gente torpe
que es capaz de conseguir varios sub-trozos. “El desgarre” es una
técnica que hay que practicar y cuidar mucho, ya que algún plato
puede contener salsa, lo que por el bien de tu compañero de mesa a
quien no quieres ni manchar ni matar, obliga al “desgarrador” a
llevar a cabo la operación con sumo cuidado.
Y el gran problema para mi es la
técnica. Como persona criada en una “familia de a bien” europea,
me enseñaron que si se utilizan las dos manos para usar cubiertos,
se coge el tenedor con la izquierda, el cuchillo con la derecha y una
vez cortado el alimento, este queda en el tenedor (en la izquierda)
que es el que se introduce en la boca. Hasta ahí todo claro. Pero
ahora sustituyamos el cuchillo por una cuchara. Qué intenta hacer
uno, pues con cuidadito procede al “desgarre” y cuando lo
consigue, sin mancharse la camisa ni la camisa del de al lado,
introduce el alimento “desgarrado” que está en el tenedor en la
boca. ERROR!!!! Recordemos que estoy en un país musulmán y con una
creencia absurdamente exagerada en ese pasaje del Corán que dice que
la mano zurda no se debe utilizar para nada. Es decir, que no te
puedes introducir en la boca nada que sujete tu mano izquierda porque
entonces comes algo “impuro”. Ahora repitamos la operación:
Tenedor en la izquierda y cuchara en la derecha (se coge así),
procedamos al “desgarre” y cuando ya tenemos la comida
desgarrada, con la cuchara retiramos lo que se ha quedado pinchado en
el tenedor utilizando la cuchara, con el tenedor limpio empujamos la
comida recién desgarrada a la cuchara y la cuchara (que está en la
derecha) es la que se introduce en la boca. Si al leerlo parece
difícil, hacerlo, y más aún cuando pretendes intentar comer y no
estás para tonterías, es mucho más complicado. Hacerlo bien es un
esfuerzo ímprobo, y hacerlo mal es una falta de educación
equivalente a mear encima de la mesa. La cosa tiene bemoles. Si
alguno de vosotros lo está intentando visualizar y le parece fácil,
ahí dejo el reto: el otro día me comí un muslo de pollo...
frito... y con la piel crujiente... y sobre el plato también había
salsa... A ver si es tan fácil...
PD: Quedaos tranquilos, el día del
chuletón con mi jefe sí nos pusieron cuchillo
Seguiremos informando….
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