jueves, 3 de abril de 2014

Cuando haces pop ya no hay stop...

Ayer fue un día duro. De hecho fue tan duro que cuando llegué a casa me metí directamente en la cama y rompí mi rito de tirarme en ella, escribir el post que publico el día de después cuando termino de currar y luego dormir. Hasta ahora, lo había conseguido hacer hasta los días que después de trabajar nos vamos a tomar una cerveza. Nota al respecto, la cerveza en Malasia es de una cualidad más que cuestionable porque en muchos bares la sirven con algo de agua del grifo, lo que hace que el sabor sea, en algunos bares, bastante raro y hace, también, que necesite llegar a Madrid pronto para tomarme un botellín de Mahou cinco estrellas como Dios manda.

Pero volvamos al día de ayer (como mola esto de estar escribiendo en directo). Como algún lector muy avezado y bastante curioso se pudo haber dado cuenta ayer publiqué algo más tarde de lo habitual. Como comentaba antes, cuando termino de currar abro el mail, el blog y copio y pego el texto que tengo escrito de la noche de antes. Pero ayer la hora de terminar fue algo más tarde. Mi jefe se metió en mi despacho a las 5 con ganas de solucionar el mundo y la empresa y no me dejó en paz hasta las 7:30 más o menos; y yo tenía que terminar de hacer todavía varias cosas. Así que hasta las 8:30 o así no pude colgar nada nuevo. La verdad es que lo colgué y me fui sin casi leer mi mail personal y ver que los caseros malagueños siguen sin contestar.

Salí de la oficina, la cerré y me fui persiguiendo a mi jefe (que me llevaba cinco minutos) a un bar del guetto donde le esperaban sus amigotes (sí, con los que terminé de marcha aquel día) y que parece que no conozcan el significado de la palabra "basta". Así que nos sentamos al lado de una mesa de billar y empezamos a pedir cervezas como si no hubiera un mañana. Y eso que ellos nos contaron que llevaban allí ya casi un par de horas. Y al primer amago de irme (aunque fuera para ir al baño), había gritos de "Noooooooo". Y uno es, y siempre ha sido, un hombre fácil, con lo que al final nos dieron casi las 12.


Como decía, pese a que sea un bajón considerable lo de mezclar la cerveza con agua del grifo, tiene una ventaja tremenda: ni hay borrachera, ni hay resaca. No obstante la no-borrachera es un poco rara. Por un lado parece como si realmente estuvieras bebiendo cerveza (con su componente de emborrachamiento), pero por el otro lo único que sientes, aparte de la boca más o menos pastosa (dependiendo del bar y de cuánto lleven sin limpiar el filtro), es algo de cansancio pero sin estar borracho. Curioso. La verdad es que me estoy releyendo esto y no se entiende, pero ciertamente es una sensación que o vives o no puedes describir. Total, que no-borracho y cansado, a eso de las 11:30 nos cansamos de jugar al billar entre nosotros y/o con las dos cincuentonas-apretadas chinas que querían exhibirse delante de la juventud y hacer como que intentaban ligar con nosotros (vamos, lo que toda la vida se ha llamado intentar calentar al personal) con poco éxito y decidimos pirarnos. Y hay algo que pasa en Malasia como en el resto del mundo: desde que alguien propone irse hasta que se decide a dónde ir, pasa media hora de discusión.

Mamá, tranquila, tu hijo a veces, pese a ser fácil, es responsable y yo decidí rápidamente a dónde ir: a mi casa a dormir. Qué podía haber dado de sí la noche? No lo sé, pero sé que gracias a eso el día ha sido productivo (una cosa es que la cerveza malasia no-emborrache, otra es que si te tomas 20 y un par de copas no termines roto). De todos modos estaba todo bastante muerto, era miércoles y mi jefe se marchaba también.

Seguiremos informando...

(PD: mi jefe me ha dicho que le han contado que sus amigotes se pusieron a dar vueltas en busca de un bar y que como no había nada decente se piraron a casa)

No hay comentarios:

Publicar un comentario