miércoles, 26 de marzo de 2014

La importancia de ser malayo

Aunque durante los primeros post de este blog confundía los términos, algún lector habitual a estas alturas se ha podido dar cuenta de que ya no utilizo los términos “malayo” y “malasio” indistintamente. Quizás alguien se haya dado cuenta de que hay algo raro en cómo los utilizo pero siga sin tener ni idea de por qué lo hago. Y tal vez, algún otro lector ni se haya dado cuenta. El caso es que no es lo mismo ser malayo que ser malasio.

El gentilicio de Malasia es malasio. El caso es que existen tres etnias predominantes en este país: los chinos, los hindús y los “aborígenes”. Los primeros y los segundos son los que al no tener ningún rasgo distintivo, y dado su origen emigrante y extranjero (aunque puedan llevar aquí más de diez generaciones) son los considerados malasios. Los aborígenes (de hecho no de la parte continental del país, sino de la isla de Borneo, la cual es parcialmente territorio nacional de Malasia) son los considerados malayos. Es importante no confundir los términos ya que tanto los que provienen originariamente de China o de India pueden ser orgullosos malasios se ofenden si les denominan malayos y viceversa.

Pero vayamos a lo importante: a lo interesante de ser malayo. Un malayo tiene tres características básicas: es autóctono, es musulmán y está hiper-protegido por el estado. De hecho, en la historia de Malasia, todos los presidentes han sido malayos y todos se han encargado de preservar el poder en el pueblo malayo, bien sea protegiendo legalmente la “casta” (el tema del sufragio “universal” aquí es interpretado de un modo bastante restrictivo para favorecer a los malayos) bien sea dotándose de privilegios absurdos que hacen que ser malayo mole mucho. En cuanto a la religión, va con la casta y de hecho al igual que el hijo de un malayo es oficialmente malayo, aunque se convierta a otra fé, no puede oficialmente cambiarse de religión. De hecho el hijo de, por ejemplo, un malayo y un extranjero criado en otra religión diferente al islam es, por definición legal malayo y por ende musulmán; y no puede renunciar a ser oficialmente ni lo uno ni lo otro (parece ser que se han dado casos absurdos de católicos conversos de tercera o cuarta generación a los que legalmente se les entierra por el rito musulmán porque en su DNI pone que son malayos, pese a que la familia intente oponerse; y parece ser que hay hasta sentencias de la Corte Nacional que lo refrendan).

El caso es que entre los privilegios del malayo que me han contado (pese a que seguro tienen muchos más) están el tener los 5 descansos de oración en su jornada laboral más el descanso de comida, más (apretaos los machos) el descanso del té (!!!!), preciosa tradición que dejaron aquí los británicos cuando esto fue protectorado. Además, cualquier empresa de más de 50 trabajadores tiene que tener un mínimo de un 5% de la plantilla de malayos (10% en empresas más grandes), que por cierto tienen derecho a 5 o 6 días más de vacaciones al año a nivel legal y no existe empresa en Malasia (incluso la mía, según he descubierto hoy) sin un directivo en nómina que sea malayo (en el caso de la mía, tenemos a una señora malaya que cobra por no venir a trabajar más que una vez al año cuando hay “junta de accionistas”, viene, firma el acta, cobra sus dietas y se va).

Como es normal, si tienes empleo casi asegurado en las mismas condiciones (a nivel salarial, pero mejores a nivel vacaciones), de tus 8 horas de jornada te pasas más de 2 de descansos retribuidos y además eres indispensable en tu empresa (no sé cómo va pero para despedirlos es más difícil); como es normal te haces más vago que Carpanta. Y eso convierte, además de en idiotas, a tus compañeros a las empresas malasias en algo inoperante.

Ayer fui a una reunión en la gestoría que nos lleva las cuentas de la empresa de aquí. Reunión  con una de las socias y con nuestra gestora. La gestoría es una de las grandes y emplea como a unas 60 o 70 personas (por ende a 4 malayos mínimo) y en teoría cada gestor de cuentas (por llamarlo de alguna manera) debería llevar unas 15 o 20 empresas. El caso es que en el departamento en el que estamos nosotros es donde están todos los malayos de la empresa y nuestra gestora tiene que llevar ella sola unas 50. No voy a decir nada a favor de la chino-malasia en cuestión porque es una inútil (sin acritud, pero inútil e inepta) y porque ha aceptado las costumbres malayas de la vagancia y del pasar de todo como suyas; pero es un poco de locos que se triplique su carga de trabajo por el mero hecho de no ser malaya (si realmente hiciera su trabajo me daría mucha más pena, pero como no lo hace, no me da tanta).

En resumen, que he decidido que como se puede adquirir el status de malayo por matrimonio si eres capaz de abrazar el Corán (parece ser que la “prueba” de musulmanidad te la hacen durante del Ramadam para que puedas demostrar que abrazas a Alá como tu dios a las duras y a las maduras), si en el futuro todo me va muy, muy, muy mal, creo que lo dejo todo, busco una malaya de buen ver, me cambio de religión y me vengo a Malasia a vivir de la importancia de ser malayo. Si es que es un chollo! Alguien se apunta?


Seguiremos informando….

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