Primer día de trabajo superado. Intenso, sí; pero creo que
mis ganas acumuladas por currar han ganado al supuesto Jet Lag. De hecho, la
cosa se ha dado bien y he hecho más de lo que esperaban de mí y de mi Jet Lag y
he superado las expectativas que tenían. Minipunto y punto para el equipo de
los chicos.
El caso es que después de currar tenía que hacer compra. No
mucho, café, leche, agua, zumo y alguna que otra cosilla básica para sobrevivir
en un sitio donde creo que voy a comer y cenar fuera en un 90% de los casos.
Esta mañana me han dicho dónde había un supermercado en mi guetto (prometo un
post intensivo de mi guetto para dentro de no mucho) y me he dirigido para allá
después de pasar por casa (y sudar en los 2 minutos de camino) para dejar el
portátil y ducharme (por segunda vez en el día). He bajado y me he ido de
excursión al supermercado (me encanta esta sensación de niño en la noche de
reyes de que todo sea nuevo y una aventura) y he vuelto a sudar. La verdad es
que las instrucciones que me habían dado eran perfectas y he encontrado el
supermercado sin problemas. Y ahí, en ese momento donde creía haber superado
todas las trabas que me iba a encontrar esta tarde, es justo donde han
empezado. Hacer la compra en un supermercado malayo (pese a ser del guetto y
guiri-friendly) es más complicado de lo que parece.
Lo primero, es entender a los malayos. Entenderlos? Para qué
entenderlos en un supermercado donde tu coges las cosas de los lineales y no
tienes que hablar con ellos? No me refiero al idioma que está superado
(tranquila, mamá) sino a entender su lógica. Cualquier supermercado (saco mi ex-deformación
ex-profesional) se basa en una “implantación” lógica, es decir, que los
productos estén colocados en las estanterías de una manera lógica: los lácteos
con los lácteos, la carne con la carne, el pescado con el pescado. Pero esta
lógica no parece ser compartida con los malasios. En mi supermercado, y
extrapolando en todos los supermercados de Malasia (prometo visitar más y
comprobarlo), es “normal” que entre las peceras donde tienen peces vivos que te
pescan para venderte recién pescados, encontrar filetones de vaca congelados y
entre los cartones de leche y de zumo, encontrar patatas fritas. Eso hace que
una compra de 10 minutos se convierta en toda una experiencia de casi una hora.
El segundo y más obvio de los problemas es que el 90% de los
productos de los liniales no sabes qué son. Y es ahí cuando te sientes
extranjero de verdad… Para alguien como yo que se las da de “tipo que ha visto
mundo” parece fácil, pero he tardado 10 minutos en encontrar unas galletas para
desayunar que no incluyeran “trazas” de pescado (sí, hay galletas de sardina en
la zona del desayuno), ingredientes desconocidos hasta para google translator
(en inglés, no en malayo) o mezclas explosivas. En ese momento te preguntas por
qué no existirán las galletas María en Malasia…
Así que para llenar un carrito con tres chorradas y hacer
una compra de unos 30€, de los cuales más de 10 han sido en un pack de seis
cervezas de las más baratas (cobra, la indú; nada de la hacendado de turno), he
echado la tarde. Bueno en hacerla y en pagarla… Porque en mi super-super (el
primero es de superguay y el segundo de supermercado) en las cajas hay dos
señores igual de sonrientes e igual de pesados. El primero es el que pasa los
productos por el lector y el segundo es el “embolsador” un señor que se dedica
a coger los productos que el primero pasa con desgana y rapidez por el lector
de códigos de barras y a ponértelos en bolsas de plástico con el mayor de los
esmeros. Pero cuando digo que con el mayor de los esmeros quiero decir que con
el mayor de los esmeros. Empiezo a sospechar que este tipo, si hubiera comprado
huevos, me los hubiera envuelto uno por uno con algodones, recubierto con papel
de burbujas, envasado individualmente al vacío, puesto otra capa de gasas
estériles y construido una huevera nueva de acero en la que encajaran para que
llegaran todos a su destino. No he visto tanto cariño ni en madres primerizas
con su hijo recién nacido…
Total, que con la cosa más tonta he echado la tarde porque
aquí si quieres cenar tienes que meterte en un bar antes de las 20:00 y como eran
las 20:30 y ya empezabas a cerrar las cocinas, me he tenido que ir al subways…
Dios salve a las franquicias!
Seguiremos informando…
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