Primer viernes y primera noche de fiesta... Sé que con esta afirmación no defraudo a algunos y decepciono un pelín a otros que creían que iba a aguantar hasta, por lo menos, el finde que viene. Pero la cosa ya apuntaba maneras. Lo de la fiesta de cumpleaños de mi jefe de anoche era una trampa mortal, y yo, que siempre he sido un hombre fácil, pues caí.
La fiesta de mi jefe fue todo un éxito. Al final estuvimos por allí unas 40-50 personas en su mayoría hispanoparlantes (la mujer de mi jefe es mexicana y la comunidad de mexicanos era amplia); pero también había gente de los lugares más recónditos del mundo. Total, que después de una barbacoa mexicanizada y aderezada con unas cuantas cervezas, nos dieron las 12 de la noche y en ciertos corros surgió la misma pregunta: "bueno, y ahora, qué? Habrá que hacer algo, no?" y al final algo hicimos.... Así que nos repartimos en tres coches (a esas horas los conductores estaban en condiciones de conducir) y nos fuimos al centro, cerca del triángulo dorado. Primera parada, mientras se llegaba y se aparcaba en mi honor: Bar "pintxos", el bar español de la zona pija de marcha de KL. El sitio no está mal, carillo y con unos pintxos que tenían buena pinta (no comimos porque en la barbacoa nos habíamos puesto hasta arriba) de cocina casi española fusionada en una mínima parte con algo más asiático. Y lo que casi me hizo llorar, estrella galicia. Tras una semana tomando cobra y anchor, si ya me hubieran puesto mahou, hubiera saltado detrás de la barra y hubiera dado un beso en los morros al camarero... Pero la estrella galicia me sacó una lagrimita y me hizo darme cuenta de que en el fondo, lo que nos convierte en españoles, no es el idioma ni el país donde nacimos, sino la cerveza... (apunte, Señor Mas, que a lo mejor para la consulta le interesa poner unos barriles de Voll-damm).
Y después llegó la "discoteque" a la que, llegamos los más fuertes. Un grupo variopinto formado por un francés borracho (muchísimo), mi jefe el francoalmemán, un ruso, un malasio-indio, un malasio-chino, un mexicano, un colombiano criado en EE.UU. y un servidor. Interesante equipo. Pero más interesante me resultó lo de llegar, decidir que pedíamos una botella para todos, que la botella fuera de chivas (mamá, ves que me cuido, no?) y terminar bebiéndonosla... CON GINGER ALE!!!! Si, señores y señoras, whisky de 12 años con ginger ale. Así de duro. La botella caía y las horas pasaban, (y hasta apareció un malayo con una americana y dos jarras de cerveza para compartir) y me di cuenta que salir por KL es como salir por Madrid con un punto multicultural y multirracial y como si estuvieras en el año 2001 a nivel musical. Grandes temazos de todos los tiempos desde las Spice Girls a Bon Jovi iban sonando, pasando por (y esto hay que mencionarlo porque también me sacó una lagrimita) el Volare de los Gipsy Kings. Vamos, que si no sonó la macarena es porque es posterior...
Total, que a las 3.30 de la mañana nos echaron del bar, pillé un taxi (media hora en taxi, pagué como 7€ y aún así el taxista cuando me bajaba me miró con cara de "pobre pardillo, le he timado") y de vuelta al guetto a dormir, con una sonrisa en la cara de habérmelo pasado genial en un ambiente en el que no pensaba que fuera a hacerlo tanto.
Seguiremos informando...
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